miércoles, 29 de diciembre de 2010

Stress y Salud.




STRESS   Y SALUD



INDICE

Presentación .......................................................................4

Capítulo 1. Marco conceptual del estrés ....................12
Capitulo 2. Bases y mecanismos neurofisiológicos
                del estrés ....................................................31
Capítulo 3. Los acontecimientos estresantes .............61
Capítulo 4. Trastornos asociados al  estrés ................70
Capítulo 5. Evaluación y diagnóstico del estrés ........85
Capítulo 6. Ambitos de estudio e investigación sobre
                el estrés ........................................................91
Capítulo 7. Estrés  y  vejez .........................................121

Capítulo 8. Estrés urbano y salud .............................139
Capítulo 9. Intervención sobre el estrés. Afronta-
                 miento, prevención, gestión y trat.del..175

Epílogo .........................................................................193

Bibliografía ...............................................................................195
           





PRESENTACIÓN

Podemos decir que el Estrés es un fenómeno y una de las enfermedades, por excelencia, de nuestro tiempo. Pero, en lugar de hablar propiamente de una enfermedad, habría que hacerlo, más bien, de un conjunto de síntomas que son la consecuencia de unas exigencias y demandas jamás conocidas  y a las que debemos dar constantes respuestas. Su sintomatología, hasta cierto punto inespecífica, hace necesario un estudio y análisis exhaustivo que permita adentrarse hasta sus múltiples facetas: antecedentes, reacciones y consecuencias. Así, Selye (1936,1974) señala que hay dos tipos de stress. Uno bueno (eustress) y que es el motor de la vida y de la evolución y otro malo (distress), perjudicial para nuestra  salud física  y bienestar psicológico.
           "El stress es una forma de reacción muy antigua, filogénica, sin él no podemos vivir. Se sienta con nosotros a la mesa, va con nosotros a la cama.
  Hoy en día, la riqueza estimular e informativa -sobre todo para el individuo urbano y tecnificado- es muy superior a la de cualquier otro tiempo o etapa de la historia de la humanidad. Esta mayor riqueza tiene sus aspectos positivos, dado que despierta perspectivas vivenciales de los sujetos mucho más amplias y cosmopolitas que la de aquellas personas que apenas conocían y experimentaban más inquietud que la que abarcaba sus horizontes y límites territoriales.
El problema reside ahora, por un lado, en el exceso de riqueza y amplitud estimular e informativa de que somos receptores, porque  supone  una  sobrecarga  constante  para  nuestras capacidades cognitivas y, por otro, en el hecho de que muchos de estos estímulos e informaciones no son meramente neutros a nuestros  requerimientos conductuales.  Creo  que  tenemos demasiadas informaciones y demandas y además, nos implicamos demasiado. Estamos expuestos diariamente a una sobreabundancia de estímulos que exigen de nuestro organismo una constante y urgente actividad para responder a ellos (Milgran 1970, Pinillos 1977), pero bien es cierto, que todo en la vida puede llegar a la rutina, una vez que se han aprendido y automatizado las pautas de conducta con que responder a esas situaciones de urgencia. No obstante, el problema puede agravarse desde el momento que muchas pautas aprendidas no sirven para las situaciones a las que tendremos que enfrentarnos en el día de mañana, ni las de ayer siguen siendo válidas para hoy.
Si volvemos la mirada retrospectivamente hacia aquellas sociedades preindustriales y preurbanas, las personas de aquellas ¿pocas sabían a qué atenerse; cualquiera de ellas, desde su niñez podía tener una imagen perfilada con bastante precisión de lo que sería de él a lo largo de su ciclo vital. Además, los estilos de vida desarrollados a todos los niveles por una generación anterior, tenían gran paralelismo con los que desarrollarían las generaciones posteriores; con lo cúal, los modelos y patrones de conducta paternos tenían una validez para sus hijos mucho mayor que la que hoy pueden tener los nuestros.  ¿Es nuestro compañero inseparable mientras vivimos? No obstante, a él (eustress) debemos todo progreso personal; gracias a él logramos subir peldaños, cada vez más elevados de desarrollo espiritual y corporal. Es la raíz de nuestra vida. Por otra parte, el distress es enemigo de todo el mundo, puede golpearnos de manera despiadada y afectar no sólo a nuestro cuerpo, sino también al espíritu y dispone de muchos medios para torturarnos y aniquilarnos. Todos nosotros debemos cuidamos mucho de él. Si el organismo es activado constantemente o se encuentra bajo una sobrecarga más o menos pesada, se acomoda a ella con una modificación del conjunto de los sistema neurofisiológicos y esto puede llevar a situaciones patológicas de carácter persistente y nocivo para el individuo". Son las sociedades de hoy, urbanas, industriales, tecnificadas, burocráticas, competitivas, demográ-ficamente saturadas,... dónde hace su aparición de forma clara y generalizada este fenómeno que desde ahora va a ser objeto de nuestro estudio. Hoy, pocas personas de la calle pueden considerarse libres de sus manifestaciones, de sus efectos y secuelas -somáticas y psicológicas-, dado que en el transcurso cotidiano de nuestras vidas (sobre todo en las grandes ciudades) hacen acto de presencia situaciones y  factores estresantes con demasiada frecuencia e intensidad. El stress está, pues, plenamente inserto en nuestro estilo de vida. Fué traído de la mano del desarrollo industrial, tecnológico, burocrático y urbano (Levi, 1975, Vester 1978). Podemos decir que el distress ya es patrimonio de las sociedades modernas, que promueven y estimulan el espíritu de competencia, agresividad, inquietud, agobio de tiempo,...
Todo esto no sucedía -o al menos su presencia no tenía una constancia en la vida de las personas- en las sociedades predominantemente rurales y agrícolas como las vigentes hasta finales del siglo pasado en el mundo occidental y hasta la década de los cuarenta-cincuenta en España ya que la estabilidad social, cultural, económica,... era mayor que   ahora.
No se trata de hacer aquí una añoranza de aquel mundo como un paraíso perdido, dando de él una imagen idílica y bucólica, como la que ingenuamente dibujan algunos grupos y colectivos, por el contrario, mundo terna muchos defectos: hermetismo, anquilosamiento de las clases sociales, conservadurismo,... Pero, hay algo que con la desaparición de aquel mundo también tal vez se perdió, y es la posibilidad de tener acompasado el ritmo vital natural con las exigencias del ritmo de la vida cotidiana. Esa conjunción entre las capacidades humanas y los requerimientos ambientales es, afectivamente, algo más dificil para nosotros, hijos de las sociedades  modernas. Y el fáctor principal de este proceso no es otro que el desbordamiento de nuestras posibilidades y capacidades adaptativas. Según Pinillos (1977) provoca en nuestro organismo una sobrecarga vital excesiva que sobrepasa nuestras posibilidades autorregulativas normales. Precisamente, esa falta de equilibrio entre las complejas estructuras y funcionamiento de las sociedades actuales y las posibilidades adaptativas del hombre de hoy, es lo que mejor define el fenómeno del stress.
           De todos modos, el stress no sólo viene dado por la sobreabundancia de estímulos sensoriales y físicos, sino por la urgencia, las prisas, la tensión, el ajetreo, la actividad febril, y todo un conjunto de sistemas de exigencias múltiples, unas totalmente externas y ajenas al hombre y otras propias, que representan efectivamente        una causa constante de estresamiento, que rebasan en muchos casos los márgenes de tolerancia permisibles, esto es, compatibles con una adaptación normal del individuo al entorno. Todo ello puede afectar, sin duda a nuestra salud fisica y psicológica, causando alteraciones y trastornos diversos, ya sean  de tipo funcional, cognitivo y conductual.
Por esto, a lo largo de las páginas de este libro iremos analizando los distintos temas relacionados con el stress: sobrecarga, tensión, ansiedad, desgaste, salud física, bienestar psicológico, alteraciones,.. y todos aquellos aspectos implicados en el proceso estresante. Debemos conocer, en primer lugar, las reacciones fisiológicas y los mecanismos de actuación como respuesta a los diferentes acontecimientos y agentes estresantes y durante los estados de stress. El segundo lugar, conocer que acontecimientos, situaciones, contextos son potencialmente estresantes y generadores de estados de stress, ver sus efectos en la salud física y bienestar psicológico. Por eso, debemos conocer cuál es la sintomatología específica del stress y los trastornos asociados a él, que alteraciones somáticas, funcionales y psicológicas, pueden ser producidas por la presencia de estímulos, agentes acontecimientos, situaciones y contextos estresantes, sobre todo, en los estados de stress crónicos, y distinguirlos de otras patologías y enfermedades. En tercer lugar, conocer las respuestas psicológicas, en especial las cognitivas y emocionales del individuo al stress. Conocer cuáles son los procesos y estrategias cognitivas de afrontamiento del stress y el componente emocional.
Nuestros planteamientos entroncan con las teorías de personalidad de Eysenck y Eysenck (1967, 1981) y con los planteamientos cognitivos de Lázarus (1967, 1984). Y en cuarto lugar, analizar los distintos ámbitos de estudio e investigación del stress; intentar diagnosticarlo y evaluarlo, prevenirlo y aplicar los medios y técnicas que permitan reducirlo, y a la postre, eliminarlo. Todo ello nos permitirá introducimos en este tema tan apasionante del stress, conocer su génesis, su proceso y sus efectos y así, poder reducirlo a través de distintas técnicas de tratamiento y programas de gestión  y prevenirlo a través de planes de prevención.




CAPÍTULO   PRIMERO


MARCO  CONCEPTUAL  Y
TEÓRICO   DEL   ESTRES

1.1. Aproximación  conceptual  sobre  el  estrés

El concepto de estrés está, sin duda, íntimamente relacionado con muchos de los contextos y ámbitos objeto de estudio (estrés del ejecutivo, burnout, tecnostress,...)  y con los conceptos de salud fisica y de bienestar psicológico (alteraciones y trastornos del stress). Trae consigo una gran pluralidad de referentes y connotaciones de tipo fisiológico, psicológico y social. Esto es debido a que el stress está de moda, y esto no sólo a nivel científico, sino también a nivel popular y periodístico. (Podríamos decir que este vocablo se ha vulgarizado). El stress hace referencia a los agentes que lo causan, a los procesos implicados y a sus consecuencias, es decir, a los acontecimientos y agentes que potencialmente.
provocan, a los mecanismos neurofisiológicos de actuación en la respuesta de adaptación, a los trastornos flincionales y comportamentales que puede desencadenar (Levine 1971, Vester 1978). Esto es debido a que el stress tiene relación con el medio y los contextos que lo provoca, con la intensidad y tipos de reacciones y sus efectos. Son, pues, muchos los factores externos los que estresan y muchos los factores internos del sujeto que son afectados por el stress.
 Como es sabido, en todo individuo hay una doble tendencia: por un lado, el de adaptarse a su medio ambiente y, por otro, el de mantener un constante equilibrio homeostático a nivel psicológico y fisiológico (Cannon, 1932). Esta doble tendencia, adaptativa y homeostática, es siempre tensional, y la tensión así producida sería siempre un acompañante armonioso de toda persona y de todo ser vivo. Así concebida, la vida, no tendría problemas. Todo cambio ambiental seria respondido por el organismo y esta respuesta estaría condicionada y condicionaría, a su vez la estructura del organismo respondiente. Pero, el problema comienza cuando la “convivencia pacífica” entre las dos tendencias se hace imposible, cuando hay tensión (y mucha) y no armonía.
 Hoy día se da en nuestras vidas una gran variedad de estirnulos ambientales y abundantes situaciones de cambio a las que hay que responder adaptativamente. Son tan numerosos que desbordan la capacidad de actuación de los mecanismos homeostáticos reguladores y protectores del equilibrio estructural del organismo. Situaciones de este tipo son, sin duda, estresantes. Como dice Pinillos una de las características esencial del stress es la sobrecarga funcional que provoca en el ser humano la acurnulación de eventos traumáticos, ya sea de un modo directo o de un modo indirecto, que acaban por destruirlo. Así, la unidad de acción y la experiencia del sujeto resultan superadas y alteradas por las demandas de un medio sobresaturado de estímulos. Tales efectos perjudiciales tienen lugar porque la capacidad de procesar información y de responder en el ser humano son limitadas y, de hecho, si se sobrepasa esas posibilidades y el, organismo sigue recibiendo estimulación e información, habrá una sobrecarga y una disfuncionalidad. Pero, las capacidades y limitaciones no son iguales para todas las personas, sino al contrario, cada individuo tiene unos umbrales óptimos y estos presentan notables diferencias entre los sujetos de un medio y otro. Al igual que las personas somos diferentes, los agentes y acontecimientos estresantes no son iguales para todos, ni estresan de la misma manera. Aunque, los hay potencialmente estresantes dependerá de la valoración que el sujeto haga de ellos, de la intensidad y de la cronicidad. Lo que es para mí estresante, no lo tiene que ser necesariamente para otra persona.
Lo que tienen en común todos los estímulos o agentes potencialmente estresores, es que activan en alto grado nuestro sistema nervioso y endocrino y nuestras capacidades cognitivas y emocionales..
Creo que ahora sí podemos comprender cómo el concepto y alcance del fenómeno stress trae consigo múltiples aspectos, teniendo cabida múltiples reacciones anatómicas, funcionales, vivencias afectivas y emocionales, pensamientos todo tipo de respuestas.
Podemos entender el stress como una reacción de nustro organismo a un medio ambiente sobrecargado de estímolos que exigen de él una constante acción adaptativa.
Este contacto psicológico con un medio ambiente así, es uno de los factores patógenos que a diario erosionan el equilibrio psíquico y la salud del individuo. Ante agrsión estimular se dan en el organismo una serie de respuestas, lo que desgastan y que conllevan trastornos comportamentales.
Según Selye (1936, 1975) se producen en nuestro organismo dos tipos de reacciones encadenadas temportalmente. En primer lugar, una reacción de activación y en segundo lugar, otra de resistencia. Si esta última fracasa sobrevendrá en dicho orhanismo el stress. El organismo reacciona ante cualquier agresión y esta reación está dirigida por dos sistemas reguladores de la adaptación externa y de la homeostasis interna: el sistema nervioso y el sistema endocrino.
Si esta reacción perdura, pasada la presencia del agente estresor o estímulo aversivo se producirá en éste un estado enfermizo.
Por otra parte, podemos relacionar el stress con estados de fatiga, que podemos enterder como una distorsion del sistema organizado de conducta, manifestada en disminución de la eficacia conductual del organismo o rendimiento conductual. En muchos casos, debido a la complejidad de estos fenómenos del setres y fatiga, no es fácil establecer los límites operativos de uno y otro de estos conceptos.
La dificultad viene acrecentada al constatar que los fenómenos del stress y la fatiga afectan de un modo diferencial a los subjectos, (esta problemática también se extiende a la hora de estudiar y analizar la fatiga física y psicológica), porque si bien las causas determinabtes de una y otra son fácilmente discernibles, no los son siempre las consecuencias de ambas sobre las conductas.
Además de señarlarla deferencia entre fatiga física (cansancio debido al esfuerzo físico) y mental (cansancio por el exceso de actividad intertectual y psicológia) se puede hablar de fatiga mental específica y no específica. Esta última, sería la preocupante y la podríamos denominar fatiga patológica (Tayeau, 1954) o más concretamente fatiga estresante, que en un sentido genérico, constituye lo que llamamos el fenómeno del stress.
Por eso, el stress es una psicopatología en la que los mecanismos reguladores de la integración orgánica se constituyen en fuente de desórdenes y de alteraciones para la personalidad, incluyendo, por supuesto, el substrato somático. Conocido es, en este sentido, su papel desencadenante en los trastornos psicosomáticos: cardiovasculares, gastrointestinales,.. No sólo atañe a los aspectos neurofisiológicos y endocrinos, sino también a los psicológicos, que son el eco patológico del stress, sobre los centros nerviosos, sobre todo relacionados con la esfera emocional y cognitiva.
Por otra parte, el campo de la fatiga estresante es muy amplio y no se limita simplemente a un cansancio de tipo muscular con unas consecuencias determinadas, sino que al contrario, abarca un  conjunto  de  eventos y aspectos, como pueden ser la sobrecarga  informativa, la alta responsabilidad, una vida emocional intensa, un estilo de vida tenso,...  dependientes en gran manera de la condiciones de vida (salud, trabajo, factores personales,..), es decir, de factores físicos, psicológicos y sociales en los que el individuo se ve inmerso. Aparece siempre cuando se pide al sujeto que realice determinadas tareas o esfuerzos que sobrepasen las posibilidades psicológicas y adaptativas. Normalmente el stress aparecerá siempre que la posibilidad de adaptación a las demandas situacionales no sea factible, dado que la capacidad de adaptación humana puede ser modificada por las condiciones psicológicas y ambientales de la vida. (Un ejemplo de ello sería las condiciones de trabajo. Así, una actividad intelectual requerirá otro tipo de alimentación diferente al de una actividad eminentemente física).
Por eso, un organismo estresado se constituye en campo abonado para todo tipo de enfermedad, ya que en muchos casos se cierra negativamente a la influencia de cualquier actividad que intente restituir el equilibrio en él. La causa determinante de esta negación a restablecer el equilibrio está relacionada con la ansiedad.
Por otro lado, acabamos de mencionar la existencia de cientos de procesos encaminados a restituir el equilibrio de la persona que se ve afectada por el stress. Los procesos de este tipo tienen lugar en el individuo y son el resultado de la dinámica homeostática, constituyendo el fenómeno que se agrupa bajo la denominación de coping.
Esos procesos de coping no son más que los efectos compensadores de las secuelas que la fatiga estresante ocasiona en el organismo. Tienden a reducir la respuesta del stress y en última instancia, adaptar al sujeto al medio estresor. Si la tensión ansiógena, como una de las características del stress, desborda la acción equilibradora del coping los efectos en el organismo pueden ser irreversibles, es decir, si el stress actúa más allá de cierto punto, deja secuelas irreversibles y residuos permanentes.
Ante situaciones estresoras, el organismo construye una evaluación cognitiva de tal situación. En el caso de que la situación se prevea amenazante para la estabilidad psicofisiológica del individuo, el organismo elabora un medio propio de respuesta al estrés. En el caso de que el coping sea efectivo, la primera evaluación cognitiva de una hipotética situación inicialmente estresora se modifica en una dirección más positiva y menos amenazante, por lo que disminuye la respuesta de stress e incluso llega a desaparece. En consecuencia, los procesos coping hace referencia a una serie de procesos psicofisiológicos y cognitivos, que colaboran en aminorar los agentes estresores y la respuesta que emite el individuo en una situación amenazante concreta. En cualquier caso, hemos de considerar que la actividad de coping puede o no servir como contrapeso al stress.
Cronológicamente el coping actuaría en primer lugar, como fase preparatoria,  anticipándose a los agentes estresores. A continuación, vendrían los procesos de coping en si y finalmente los procesos de coping subsiguientes al efecto emitido por los dos procesos antenores.
 Podemos, pues, concebir el stress como el estado en que se encuentra un organismo amenazado de desequilibrio bajo la acción de agentes o condiciones que hacen peligrar sus mecanismos homeostáticos, a su vez, y por tanto, podemos ver; les factores estresantes como agentes susceptibles de destruir el equilibrio de un organismo.
 Hay que señalar que si el stress se prolonga y forma parte habitual de un individuo se genera en éste un estado continuo de tensión interna y de desgaste. Llegando a tal situación, podríamos decir que habremos entrado de lleno en el síndrome del stress. Consiste en un conjunto de síntomas unidos sobre todo por la ansiedad. En este sentido, tenemos que reiterar la afirmación realizada de que el stress no es sino una patología de la fatiga y de la sobrecarga de la activación, en la que los mecanismos reguladores de la homeostasis se, constituyen en fuente de desórdenes y trastornos de diversa índole cuyas consecuencias veremos más adelante.
Finalmente, es preciso señalar que las respuestas del stress difieren de otras muchas reacciones biológicas, dado que se producen  inespecíficamente.  No  obstante,  su  forma  es completamente específica.
Por esto, afirma Selye que el stress es un estado que se manifiesta por un síndrome específico, consistente en todos los cambios inespecíficos inducidos dentro de un sistema biológico. Así, el stress tiene su propia forma y composición característica, pero ninguna causa particular.  Los elementos de su forma son los cambios observables debidos al stress que actúa sobre una zona del organismo, pero se manifiesta produciendo cambios en todo el organismo.
A pesar de que acabamos de exponer que no se puede explicar la aparición de un estado de stress mediante la atribución de una causa específica, no obstante, podemos considerar que a esta aparición contribuyen muchos factores de diversa índole: físicos, fisiológicos, psicológicos y sociales. Sea cuál fuese su naturaleza, son estresantes en la medida en que suponen un desplazamiento de las condiciones óptimas no corregibles por el organismo y ocasionan un desequilibrio entre las demandas del entorno y la capacidad del organismo. Por eso, algunos factores estarán vinculados a las condiciones en que el organismo desarrolla la actividad que le resulta estresante y otros factores estarán vinculados con el estado general de ese organismo estresado.

1. 2.  Modelos  y  teorías acerca del estrés

Sin duda, existe una gran variedad de planteamientos acerca del estrés. Nosotros, sin intentar incluirlos todos, los vamos a reducir a tres grandes categorías o bloques:

A- Modelos basados en el estudio de los agentes y acontecimientos estresantes
Tratan de determinar qué tipo de estímulos, acontecimientos, agentes, situaciones y ambientes resultan estresantes de por sí para el organismo. En estos modelos, el stress, sería considerado como el conjunto de causas que afectan y determinan los estados estresantes. En esta línea señalamos los siguientes modelos:
- Modelo de Welford
Formulado en términos de demandas y exigencias. Tanto los excesos, como las insuficiencias resultarían potencialmente nocivas para el organismo.
- Modelo de life events (Homes y Rahe 1969, 1976)
Parten de que existen en la vida acontecimientos (sobre todo relacionados con la vida afectiva y psicosocial) que de por sí tienen suficiente capacidad estresante. Constituyen un factor de cambio y exigen reajustar la vida a dichos cambios.
Para predecir el grado de stress y la probabilidad de enfermar, elaboraron una escala de acontecimientos vitales (SRE), que les permitió hacer tres grupos de sujetos: alto, medio y de bajo riesgo.
Atribuyen valor estresante a una serie de acontecimientos aceptados como agentes de cambio biográfico, y un papel importante a los procesos cognitivos de afrontamiento.

B- Modelos basados en las reacciones y procesos internos del organismo
Entre esos modelos vamos a señalar:

- Modelos sobre la activación biológica

 Parten de que el ser humano posee unos umbrales de estimulación óptimos y unos recursos de adaptación al ambiente limitados. Si la activación es mayor (sobreactivación continua, excesiva o desorganizada) como respuesta a las demandas externas, entonces nuestra salud puede resultar significativamente dañada.
- Modelos basados en la homeosta
Si considera el stress como la estimulación perturbadora del equilibrio biológico interno, mantenido a través de mecanismos de biofeedback. Suponen una relación causal entre enfermedad y ruptura homeostática.
- Modelos cognitivos
 Estos modelos estudian el papel de los procesos y estrategias cognitivas en la respuesta al stress, atendiendo, en primer lugar, qué procesos cognitivos (atencionales, atribucionales, de evaluación,...) están implicados en el stress, y en segundo lugar, qué estrategias cognitivas de afrontamiento utilizan los sujetos frente al stress (percepción selectiva, de apoyos, lugar de control,..).
El stress se conceptualiza como un proceso dependiente de las cogniciones que el sujeto hace del entorno y de sí mismo.
  Los modelos cognitivos postulan diferencias individuales en los procesos cognitivos y en el uso de las estrategias cognitivas de afrontamiento.
- Modelos mediacionales
 Dan gran importancia a una serie de variables mediacionales personalidad, motivación real, variables de vulnerabilidad, variables de superación,..), que sirven de filtro perceptual a los estímulos estresantes y que determinan en gran manera la reacción personal.
- Modelo de Lázarus y otros (1967,1986)
Da una gran importancia a los procesos cognitivos de valoración, sobre todo de los acontecimientos estresantes. Conceptualiza el stress como un proceso dependiente del significado o valoración que el sujeto hace, tanto de los acontecimientos potencialmente amenazantes, como de las posibilidades y recursos propios del sujeto.
- Modelo de indefensión (Seligman 1975, Abranson 1978)
 Parten de la teoría atribucional de indefensión, que vincula los efectos desorganizadores del aprendizaje adquirido (a partir de atribuciones peculiares y fracasos en los aprendizajes) con las consecuencias del stress.  Pero, la peculiar condición de indefensión no es igual para todos. Para estudiar las diferencias individuales se recurre al concepto de lugar de control (Rotter 1966, 1972,  Lefcourt, 1980), que consiste en la atribución de situar el control fuera del sujeto (LCE) o dentro (LCI). En este sentido parece que los sujetos con LCE afrontan en desventaja el stress y son más vulnerables a sus efectos patóge.
- Modelo biológico de Selye (1936,1974)
Considera el stress como respuesta específica a los estímulos exigencias y demandas de adaptación (SGA), pero inespecífica en su causación, ya que cualquier estímulo provoca la misma respuesta biológica del organismo, independientemente del factor causante. Vió que el mecanismo de respuesta al stress era idéntico, fuera cual fuera el agente del stress y que se desarrollaba a través de tres fases consecutivas cronológicamente y causalmente unidas: alarma, resistencia y agotamiento.

C-  Modelos  psicopatológicos
Consideran al stress como un fracaso adaptativo y como causante de un gran número de efectos negativos para la salud y bienestar psicológico del sujeto.. Desde estos modelos se estudia las alteraciones, trastornos y enfermedades, sobre todo, de tipo psicosomático, como consecuencia del stress.



RESUMEN

Partimos de que el estres siempre ha existido (ya lo menciona Hipócrates en la Antigua Grecia), no obstante, no cobra un valor científico hasta el s. XX, que es tratado por Selye (1936), que lo define como el conjunto de reacciones fisiológicas (nosotros incluimos las psicológicas) ante cualquier estímulo nocivo y acontecimiento estresante. Es más un fenómeno de nuestros tiempos. El individuo tiene que hacer grandes esfuerzos -debido a la sobreactivación y sobrecarga- frente a las constantes y excesivas demandas de la vida cotidiana. Aunque, como dice Selye hay un estrés bueno (stress) y otro malo (distress). El eustress se considera como respuesta adaptativa y fuente de bienestar y el distress como respuesta de desadaptación y   fuente de enfermedades y trastornos. Por eso, un buen estres lleva a una adaptación del organismo; por el contrario, el distress conlleva el fracaso adaptativo y desequilibrio biológico y psicológico. En ambos casos hay una respuesta biológica y neuropsicológica de adaptación.

Aclarado esto, nosotros vamos a utilizar el término de estres en el sentido de distress. Además, se puede hablar del stress como causa, como reacción del organismo y como conjunto de síntomas. En el primer caso, nos referimos a los agentes y acontecimientos estresantes, ya sean internos o externos, físicos, psicoemocionales, psicosociales,... En el segundo, como reacción del organismo. Hace referencia, tanto a la activación biológica y fisiológica como a los procesos cognitivos y estrategias de afrontamiento del sujeto, es decir, a la respuesta de adaptación o síndrome general de adaptación (SGA, Selye 1936). Y en tercer lugar, a un conjunto de síntomas. En este caso se hace referencia a los trastornos, alteraciones y enfermedad del stress debido al fracaso adaptativo.
En base a estas tres formas de entender el stress, se han planteado tres grandes campos de modelos teóricos:
        - Modelos basados en el estudio de los acontecimientos estresantes (agentes, estímulos, situaciones, contextos, etc.).
        - Modelos centrados en el estudio de los procesos del organismo y del sujeto (fisiológicos y psicológicos).
- Y modelos basados en  la sintomatologia del stress.
Por último, nos atreveríamos a definir el stress como la respuesta del sujeto (fisiológica, cognitiva y emocional) a todo tipo de sobrecarga estimular e informativa que tiene un carácter intenso, persistente y/o, crónico, pudiendo llevar a una serie de trastornos o anomalías en la salud y bienestar del individuo. También, podríamos considerar el stress como la respuesta en la que el sujeto vive estados de tensión, nerviosismo, inquietud, ansiedad, fatiga, desasosiego,... de carácter más o menos intenso, y con cierta cronicidad debido a las demandas externas y/o estilos de vida. En estos casos el organismo está sometido a procesos de desgaste biológico y psicológico, afectando, por ende, a algunos de sus sistemas.



CAPITULO   SEGUNDO

   BASES NEUROFISIOLOGIGAS Y
   MECANISMOS DE ACTUACIÓN
                       DEL  ESTRES

2.1. Sistemas neurofisiológicos implicados en el estrés

El estrés pone en marcha una serie de procesos bioquímicos, neurológicos y hormonales de nuestro organismo. Responde adecuadamente a los agentes estresantes mediante la activación de ciertos sistemas y estructuras que están  intercorrelacionadas entre sí. Las señales de alerta y de refuerzo enviadas por el cerebro hasta el último rincón de nuestro cuerpo son la prueba de que el organismo está coordinado y dispuesto a defenderse desde los momentos iniciales de contacto. con los agentes estresantes y conservar el equilibrio interno.
El proceso funcional que los interrelaciona les da sentido y racionalidad coherente y unitaria. Los procesos bioquímicos, neurológicos, hormonales,... protagoniza el funcionamiento admirable de nuestro organismo que ante diversos estímulos agresores tiende a alterar su equilibrio y mediante un esfuerzo solidario -concepto de homeostasis- tiende a normalizar su medio interno. Son, pues, dos los sistemas implicados en la respuesta al stress. Por un lado, está el sistema nervioso y por otro, el sistema endocrino. A pesar del peso crucial del sistema endocrino en la reacción biológica al stress, hay que señalar que es el sistema nervioso central y el autonómico quienes desempeñan el principal y más directo papel. El sistema nervioso tiene, sin duda, un innegable interés e importancia en las diversas funciones y actividades de nuestro organismo, tanto a nivel fisiológico como conductual.
Para introducirnos en el estudio de las reacciones fisiológicas ante el stress, vamos a describir la fisiología sobre la cual se asientan los procesos de stress y estados de alerta. Diremos que un organismo está en estado de alerta cuando su activación está dirigida a mantener una preparación y disponibilidad hacia un estímulo cuya presencia previsible para él  puede tener consecuencias nocivas para él. Todo organismo tiene a lo largo de su vida un cierto grado de estado demo. En este caso estaríamos ante lo que se ha denominado respuesta orientativa, la cuál disminuiría, como es lógico, a medida que la mencionada estimulación se va haciendo habitual en la vida del organismo.
Los estados de activación conllevan una actividad del sistema nervioso vegetativo (SNV), el cual está integrado por dos sistemas, no sólo diferentes, (funcionalmente)  sino antagónicos. Uno de ellos, el sistema nervioso simpático (SNA-S) es el encargado de la preparación del organismo para actividades que requieren una situación enérgica e inmediata por parte de este. Como consecuencia de ello, la entrada en funcionamiento del sistema simpático implica una disminución de gastos energéticos en zonas del organismo no vinculadas con la activación urgente.
En previsión del esfuerzo y sacrificio que el organismo deberá sobrellevar durante el stress, este sistema prepara las suficientes reservas y aportes.
Por todo esto, no es difícil comprender que la actuación del sistema nervioso simpático tenga una finición catabólica, es decir, de desgaste, al agotar aceleradamente las reservas energéticas del organismo, lo cual traerá consigo un desequilibrio en la homeostasis  orgánica  Pero, junto  al  sistema  simpático encontramos la otra sección: El sistema nervioso parasimpático, cuya función es, en gran medida, opuesta y equilibradora de la del simpático, pues su acción sobre el organismo es reconstructiva. En este sentido el parasimpático enerva y, por tanto, activa, las vísceras que el simpático inhibió. Por ejemplo, hace volver el ritmo circulatorio y respiratorio a los niveles anteriores a la situación del stress, mientras que hace que la digestión se reestablezca) estos efectos del parasimpático tienen lugar porque su actividad es anabólica, es decir, ahorradora de energía, además tiene a su vez un efecto analgésico, al contrario del simpático que analgésico. Esta descripción de las funciones del SNA nos permite entrever la estrecha vinculación existente entre el sistema nervioso simpático y las experiencias del stress, dado que el organismo ante una estimulación de alarma reacciona fisiológicament tendiendo a incrementar su capacidad de detección, clasificación y de respuesta adecuada.
Veremos, además, que con independencia de la natutaleza de los agentes estresantes, siempre una activación del SNA. A través de las vías nerviosas del cerebro queda activado el sistema simpático y las glándulas medulo-suprarrenales que a su vez vierten al torrente sanguíneo hormonas, sobre todo adrenalina y noradrenalina. Posteriormente, con la llegada a la corteza de estas hormonas suprarrenales, se estimulará la hipófisis, que segregará ACTH y estimulará las glándulas del córtex suprarrenal, segregando a su vez cortisol y cortisona. (Figura 1).


Figura 1. Respuesta neurofisioógica al estrés 



        Las reacciones que se produzcan a distintos niveles del organismo dependerán del efecto de esta mezcla de hormonas en el caudal de la sangre y de la activación que aquellas produzcan. Quiero dejar patente que esas reacciones y la estructura funcional implicada en el stress es más compleja que lo que aquí se presenta. Así, entre los estímulos alarmigenos y la activación del hipotálarno y de la hipófisis, habría que señalar la presencia de importantes eslabones intermedios.


2. 2. Estructuras y sistemas nerviosos implicados en la reacción al estrés

Vamos hacer aquí una breve descripción de los distintos órganos, estructuras, sistemas y conexiones interactuantes en los fenómenos del stress y la fatiga.

- Tálamo. Su localización se sitúa a nivel del diencéfalo. Funcionalmente constituiría un ganglio cerebral y podría decirse que se trata de un verdadero cerebro. De él parten gran número de conexiones vinculadas con las vías visuales, auditivas y con las vías encargadas de la sensibilidad automática e involuntaria y vegetativa. La afectividad queda en gran medida canalizada y distribuida neurológicarnente a través del tálamo, gracias a su estrecha vinculación con el hipotálamo y, de otra parte, con el sistema endocrino. Actúa, además, como regulador y equilibrador de la alternancia de estados de vigilancia y sueño. Su actividad trasciende a fenómenos tales como la emotividad, la atención, el aprendizaje o la conciencia.

- Hipotálamo. Como su propio nombre indica, se encuentra situado debajo del tálamo. Constituye una pieza clave en la formación reticular y sus conexiones con todo el sistema nervioso y endocrino son muy numerosas, siendo su papel fundamental para la vida vegetativa: digestión, reproducción y defensa. Se  puede considerar como una verdadera glándula endocrina central y el responsable principal de la respuesta al stress. Ya Selye (1952) expuso que este órgano desempeñaba un papel regulador de la secreción suprarrenal.

- Tronco encefálico. Una de las áreas del sistema nervioso central que tiene gran importancia en las funciones regulatorias y adaptativas es el tronco encefálico. Esta estructura (que incluye espacialmente el bulbo raquídeo y la protuberancia) posee el control visceral del sistema cardíaco, respiratorio, digestivo,... además del significado comportamental de las vías aferentes y eferentes y formación reticular troncoencefálica.

- Formación reticular. Se trata de un sistema inespecífico anatómicamente, al constituirse como un sector medular dentro del sistema nervioso.
Su localización se encuentra, sobre todo, en el tronco encefálico. Pero, su actividad se expande hacia todas las direcciones llegando hasta la médula espinal, la pituitaria, el hipotálamo y la corteza cerebral. Condiciona una pluralidad muy vasta de Etinciones psíquicas: emotividad, atención, vigilia,... Pero, su actividad primordial consiste en la transmisión de las percepciones desde los receptores hacia la corteza, es decir, en sentido aferente (SARA).
A nivel de stress y de reacciones de alarma, la formación reticular tiene especial importancia al desempeñar un papel de primer orden en la percepción de estímulos nocivos y dolorosos, dando lugar a una serie de fenómenos neurofisiológicos: Incremento de la vigilancia y alerta, predisposición muscular para la  acción  enérgica,  reacción  endocrina  anticipatoria  y concienciación de la situación,...

- Sistema límbico. Implica a diversos órganos y centros como: hipocampo, lóbulo piriforme, bulbo olfatorio y área septal. Aunque, anatómicamente, esta diversidad de órganos no ofrezca una imagen de unidad, dicha unidad se puede encontrar a nivel funcional. Su actividad es sobre todo de índole integradora y condiciona el ritmo respiratorio, el tono muscular, los movimientos reflejos, las respuestas vegetativas y la regulacion neurohormonal. Comprende, pues, los tres grandes campos: hambre, sexualidad y agresividad.
Es la repercusión del sistema limbico en la regulación neuroendocrina la que le da a este sistema un papel relevante en el complejo de toda la actividad fisiológica durante el stress, dado que los aspectos homeostáticos y adaptativos constituyen factores de primer orden en las reacciones de alarma y, sobre todo, en el stress. Así, vemos que este sistema ostenta un gran peso en las funciones biológicas de conservación, tanto del individuo como de la especie. En este sentido el circuito amígdala-hipocampo está encaminado a la defensa, sobre todo, de la integridad fisica del individuo, y el área septal, a la defensa de la continuidad de la especie.
Con respecto a la vida emocional ejerce un papel modulador facilitando la coordinación conductal. Por otra  mantiene importantes relaciones con el hipotálamo, por lo que constituye este sistema un eslabón de primer orden en los procesos neuroendocrinos desencadenados por la acción de agentes estresantes sobre el organismo. Muchas de estas estructuras, sistemas, centros,... tienen una estrecha vinculación funcional con el sistema endocrino.

- Hipófísis. Se trata de una glándula localizada en la silla turca del esfenoide y rodeada de una capa de duramadre. Sus conexiones neurológicas se dirigen sobre todo al hipotálamo, con quien se halla muy estrechamente relacionada. Esta relación constituye una pieza clave en la coordinación de los sistemas nervioso y endocrino. En la hipófisis encontramos células acidófilas de tipo alfa, las cuales están situadas en la cara anterior. También las células basófilas de tipo beta, que están en relación con las glándulas tiroides y suprarrenales. Sus vinculaciones se extienden al timo, riñón y páncreas.
Su principal papel se desarrolla en la actividad de defensa orgánica y metabolismo basal. La regulación funcional que ejerce la hipófisis determinará, en gran medida, la intensidad que alcance el stress. A través de tres subsistemas, la hipófisis estimula o inhibe la respuesta del sistema nervioso y endocrino a estímulos alarmigenos o estresantes. Uno de ellos, es el encargado de poner en marcha el complicado proceso neuroendocrino del stress ante estímulos alarmígenos, y los otros dos subsistemas, como consecuencia de la actuación del primero, dan pie a los procesos neurocrínicos. La actividad de esta glándula en el stress gira en torno a la secreción de la hormona ACTH, que tiene lugar en situaciones adversas de ansiedad en el organismo.
Esta hormona es la encargada de activar la secreción hormonal de las glándulas suprarrenales; secreción que determinará la manifestación en la totalidad del organismo, de todo el cuadro de fenómenos que denominamos: reacción de alarma.

- Glándulas suprarrenales. El principal papel en la reacción del stress lo desempeñan las glándulas suprarrenales; éstas se localizan encima de cada riñón, separadas de ellos por una capa de tejido adiposo y su peso aproximado es de cinco gramos cada una.
Funcional y anatómicamente podemos considerar estas glándulas divididas en dos partes: Médula y corteza. En la primera, su activación se produce por impulsos nerviosos, y en la segunda, su activacion se produce mediante las hormonas hipofisiarias por indicación endocrina.
Una actividad reducida de las suprarrenales ocasionaría en el organismo un estado correlativo al de fatiga estresante, además de inducir un descenso de la tensión arterial.
  Como ya hemos dicho la activación de las suprarrenales depende primordialmente de la hipófisis, dado que la estimulación alarmígena provoca un aumento de la secreción de ACTH en la hipófisis, que a su vez provoca la estimulación de secreción de hormonas corticoides en las suprarrenales, hormona que a su vez inhibe la secreción de ACTH hipofisiario. De este modo, se completa un feed-back cerrado por el que ambas secreciones hormonales se autorregulan mutuamente.
Con este mecanismo, las suprarrenales se protegen de una posible estimulación excesiva. Pero, en caso de una situación crónica de stress se ve desbordado, ya que la hipófisis no deja de segregar ACTH, y a pesar de que las suprarrenales intenten paliar este exceso de concentración de ACTH en sangre mediante un aumento de la densidad de corticoides también en la sangre. Este efecto de desbordamiento del feed-back, lejos de ser un acontecimiento patológico, constituye un fenómeno normal y necesario en previsión de situaciones en las que se exija del organismo grandes esfuerzos, dado que en estas situaciones se necesita una gran concentración de corticoides en sangre.
Por otra parte, la acción total del ACTH sobre las suprarrenales provoca una triple respuesta en éstas: metabólica, mineral y sexual, según afecte a cada una de las tres zonas de la corteza suprarrenal: fascicular, glomerular y reticular.
Finalmente quisiera señalar la interrelación neuroendocrina en el stress. Ante situaciones estresantes, en primer lugar, es la hipófisis la que hace que se incremente la secreción de ACTH y decrezcan las de otras hormonas (crecimiento, gonadotropinas). La elevación de ACTH en la sangre constituye la causa de un ensanchamiento de la corteza suprarrenal y, consecuentemente, un incremento en la secreción de corticoides, lo cual genera, a su vez, una gran diversidad de reacciones en el organismo.

2.3. Mecanismos de actuación de las señales de alarma

Lo primero que hay que apuntar es la existencia de tales señales de alarma. Se destaca la significación que ellas tienen a nivel fisiológico, cognitivo y afectivo para el sujeto. Todo ello desencadena una serie de reacciones y mecanismos de actuación. Las señales de alarma llegarán a nosotros a través de las vias nerviosas aferentes, y recorrerán los distintos centros nerviosos y a su vez activarán el sistema neuroendocrino, que a través de la sangre llegará a su destino (Selye, 1964). Junto al sistema nervioso está como transmisor de mensajes, también la sangre, que gracias al sistema endocrino, pueden tener lugar, y de hecho lo están teniendo a cada momento, verdaderos diálogos de feed-back en sentido aferente y en sentido eferente.
Por otra parte, dentro de la actuación transmisora del sistema endocrino, no hay que olvidar que la reaccion de alarma es esencialmente adrenérgica. Dado que la zona medular de las glándulas suprarrenales es la encargada de segregar durante un estado de alarma adrenalina y noradrenalina al torrente sanguíneo, estas catecolaminas son las que provocan los signos propios de la reaccion de alarma como son la hiperglucemia, la taquicardia, hiperventilación del bazo liberando glóbulos rojos, etc. Por eso, vemos que la reacción de alarma, que ya describió Cannon (1932), tiene lugar mediante la actuación conexionada del sistema nervioso y el sistema endocrino, sobre todo con las médulas suprarrenales. Esta reacción de alarma se encamina a movilizar los recursos corporales para situar el organismo en la mejor disposición para emitir la respuesta urgente que se requiere de él para su supervivencia. Esta reacción es, por lo demás, muy rápida y se realiza en cuestión de pocos segundos.

2. 4. Estrés  y  activación

Si partimos de que el stress es un estado de activación dependiente de las evaluaciones que el sujeto hace del entorno, permite suponer que el estado emocional del sistema reticular, responsable de la activación o arousal, dependerá del procesamiento de la información llevada a cabo por el cerebro (Luria, 1974).
En situaciones de stress, el deterioro de los procesos biológicos no es negativo, pero si la activación rebasa los umbrales, los procesos de esfuerzo o procesos coping pueden desorganizarse. cualquier caso, la fisiología de la activación ha sido objeto de abundantes trabajos de investigación experimental, no sólo a propósito del stress, sino especialmente a partir de la teoría de Eysenck sobre las diferencias individuales (Eysenck, 1981). En todos los casos se ha aceptado inicialmente el papel decisivo de la formación reticular, y se concluye que la activación no puede explicarse como una hiperfunción uniforme y lineal de su fisiología.
Hay que distinguir entre la activación cerebral cortical, la autonómica y la conductual. Además de eso, se supone que hay más de un mecanismo de arousal. También se supone que hay un tipo de activación más general, pasiva y automática -que serviría para afrontar la situación y ejecutar rendimientos-, y otra más específica, activa y cognitiva que es activable por incentivos y tareas breves. Además, las personas difieren unas de otras, por lo que hay que suponer que no todos los individuos son activados por igual.
Como ya hemos mencionado anteriormente cabe distinguir entre dos tipos de activación: autónoma y endocrina.
En primer lugar, está la activación autónoma. El stress se produce cuando en el organismo se da una activación mayor de la que éste es capaz de reducir con sus procesos y estrategias de afrontamiento. Visto así, se sobrentiende que cuando se habla de stress se hace referencia a un fracaso adaptativo. La activación del organismo viene dada, en primera sustancia, por procesos nerviosos aferentes y centrales. Más tarde, a través del sistema nervioso autónomo. La actividad nerviosa central parece alcanzar su punto máximo en situaciones que exigen un gran esfuerzo conductual.
La preparación del organismo para el afrontamiento de todo ello se lleva a cabo a través del sistema simpático, encargado de mantener el medio interno y de facilitar las respuestas de lucha o huida. Las consecuencias biológicas de la activación se manifiestan en el aumento de tensión arterial, frecuencia cardíaca, lipólisis, disminución de la secreción de insulina y el aumento de la secreción de ACTH, de esteroides adenocorticales, decremento de la actividad intestinal, mayor dilatación bronquial, vasoconstricción cutánea y vasodilatación muscular, etc... Se trata de estados biológicos de predisposición cutánea y vasodilatación muscular, etc... Se trata de estados biológicos de predisposición al consumo de energía de cara a la acción.
En cuanto a la posibilidad de cuantificar la actividad del sistema simpático­adrenal puede cuantificarse a través de dos vías. Una, directa, consistente en valorar los niveles plasmáticos y urinarios de CA y otra, indirecta, cuantificando los efectos sistémicos de la activación autonómica: conductancia de la piel, ritmo cardíaco, respiratono,... Tampoco esta valoración está exenta de dificultades, ya que implica el acceso a un nivel de organización tan complejo como el psicofisiológico.
En segundo lugar, la activación neuroendocrina. Es lógico suponer que la activación nerviosa central preceda a cualquier otra modificación adaptativa del organismo. Pero la respuesta neuroendocrina es directa con respecto a la información neural. Lo cierto es que la mayoría de las funciones biológicas están sustentadas por procesos neurales y bioquímicos. La asombrosa capacidad de transducción que tiene el sistema nervioso sugiere una respuesta multihormonal en orden a activar el organismo para el afrontamiento de las situaciones.
En la actividad neuroendocrina se han podido identificar, también, diferencias en el tipo y en la cronología de las respuestas hormonales.
Respecto a la cuantificación de la activación neuroendocrina también hay que señalar su dificultad, debido a la extraordinaria sensibilidad del sistema hipófiso-suprarrenal.  No obstante, podemos recurrir a la medida de los niveles de corticoides.

2. 5. El estrés como respuesta general de adaptación

Según Selye no hay un indice objetivo y cuantitativo para dictaminar el stress. Durante la década de los años treinta se había descubierto que el stress era la causa de algunos cambios en la estructura y en la composición química del organismo. Unos cambios derivaban de una lesión, pero otros eran simples manifestaciones de las reacciones de adaptación del organismo que se defendía de los efectos del stress. Pues bien, una reacción de este tipo, no es sino la primera fase de un proceso más amplio: el sindrome general de adaptación (SGA). A través de el nuestros procesos internos, del sistema endocrino y del sistema nervioso, ayudan a ajustar nuestro organismo a los cambios frecuentes que ininterrumpidamente acontecen nuestro entorno y dentro de nosotros mismos.
Las primeras constataciones de este fenómeno se remontan hacia el año 1936, cuando Selye trabajaba experimentalmente con ratas. Observó que la introducción de ACTH de hormonas en mal estado producía en esas ratas un extraño sindrome estereotipado en el que se manifestaba una hiperactividad suprarrenal y que acababa dando lugar a trastornos de diversa indole: úlceras, atrofia del tejido linfático, etc. Efectos similares se obtenían también con otros agentes patógenos como pudieron ser las temperaturas extremas, lesiones traumáticas, etc. A los procesos que se presentan en esas ratas de laboratorio, se les vino a llamar, después de diversas denominaciones: (Síndrome General de Adaptación).
Según Selye (1936, 1956) hay stress cuando existe S.G.A. y es causante de stress todo agente que provoca un S.G.A. Este representa a todas las modificaciones inespecíficas, es decir, independientes de las clases de agente, que se desarrollan en el organismo y en el tiempo durante el transcurso de la exposición continua de los ataques de un agente. Esta denominación define un conjunto cronológico y causalmente encadenado de reacciones generales específicas, producidas o bien por una agresión repentina y peIigrosa, o por una exposición prolongada a una sobrecarga estimular, pero que en cualquiera de los dos casos ocasionan un trastorno del normal equilibrio fisiológico que causa en el organismo modificaciones morfológicas y funcionales. Estas podrían quedar definidas como: hipertrofia de la corteza suprarrenal, conllevando una mayor  secreción de corticoides, involución del timo, trastornos metabólicos, úlceras gástricas y/o intestinales y alteraciones en la resistencia del organismo.
El stress se puede medir por la intensidad  de las manifestaciones del S.G.A. y gracias a éste, los diversos órganos, principalmente las glándulas endocrinas y el sistema nervioso, nos ayudan a adaptarnos a las modificaciones que se producen en el interior y exterior de nuestro cuerpo.

Selye desarrolla el S.G.A. en tres fases:
Primera fase: Reacción de alarma
Como tal reacción, es una situación autodefensiva caracterizada por una activación simpático-suprarrenal ante la agresión de un agente amenazante de la integridad orgánica. Así pues, cuando aparece el stress lo hace rodeado de una serie de fenómenos flsico-químicos, como son los procesos hormonales. Además, engloba todas las alteraciones inmediatas inducidas por el agente estresor. Es una reacción como la que ya hemos estudiado; con todos sus correlatos fisiológicos que implican; como vimos: una activación simpática, una hiperactividad suprarrenal, aumento de la velocidad cardio-respiratorio relentización de la digestión,... Todas estas manifestaciones tienen lugar no sólo en función de lo aversivo o peligroso que de por sí sea el estimulo amenazante, sino de si se percibe o no como tal, independientemente de que lo sea o no.
Esta percepción subjetiva está determinada por aspectos personales del sujeto y por aspectos psicosociales del entorno de sujeto.  A nivel fisiológico, esta reacción de alarma depende de mecanismos cerebrales, diencefálicos y neuroendocrinos.
A su vez, esta primera fase presenta dos subfases:
- Fase de shock. En ella decrece súbitamente la resistencia del organismo al stress. Se caracteriza por una serie de fenómenos en cl organismo: hipertensión arterial, hipotonía muscular,...
- Contrashock. Tiene lugar si se ha superado la fase de shock, y constituye un aumento dc la resistencia orgánica al stress, por lo cual supone, a todos los niveles una reacción inversa a la que tiene lugar durante el shock. Así se caracteriza esta fase por: hipertensión arterial, hipertensión muscular,...
Como ya dijimos, la reacción de alarma es, sobre todo, adrenérgica. En la fase de shock la médula de las glándulas suprarrenales segrega catecolaminas, adrenalina y noradrenalina, mientras que durante la fase de contrashock la corteza suprarrenal, debido a la estimulación del ACTH, produce tres reacciones simultaneas: metabólicas ( en la zona fascicular), mineral (en la zona glomerular) y sexual (en la zona reticular). De este modo comprobamos los que la primera respuesta del organismo es médulo-suprarrenal pero posteriormente, durante el contrashock -y la resistencia- la respuesta es, sobre todo, córtico suprarrenal, como consecuencia del  efecto  de  las  hormonas  glucocorticoides, cortisol, cortisona y corticoesterona.  Tales  hormonas  transforman aminoácidos endógenos en glucosa, que estimula las células beta pancreáticas, lo que genera una liberación de insulina.
Esta compleja reacción hormonal tiene lugar porque, como dijo Selye (1936), toda agresión al organismo, ya sea interna o externa, desencadena un proceso destinado a la recuperación del equilibrio interno mediante una excitación de la hipófisis, provocadora de la secrecion de ACTH...
En definitiva, la reaccion de alarma no constituye sino el conjunto de los fenómenos inespecíficos causados por la percepción súbita de un estímulo al que el organismo no está adaptado, ya sea por su naturaleza o por su magnitud. Esta fase supone la primera actividad del organismo frente a una situación estresante, por lo que en ella se tiende a suministrar, con emergencia, al organismo la energía que previsiblemente requeriría para una posible respuesta extrema. Su duración es variable y depende, en gran medida, del tipo de estimulación de que se trate.

Segunda fase: Resistencia
  Sigue inmediatamente a la reacción de alarma. En ella se produce  un  brusco  aumento  de  la  actividad, mantenida fisiológicamente gracias a la hiperactividad del sistema simpático y a una hipertrofia de la corteza suprarrenal. Pero, además de estos fenómenos orgánicos tienen lugar procesos cognitivos de defensa y toma de decisiones acerca de la opción más factible para adaptarse al estimulo estresante y alarmígeno.
Durante este período aumenta la resistencia al stress que ha provocado la alarma, aunque disminuye la resistencia respecto a otros tipos de estímulos y actividades. El organismo, por todos los medios, intenta nivelar los desequilibrios internos, aún a costa de otros. Podemos decir que esta fase es, ante todo, córtico­suprarrenal. En definitiva, esta fase de resistencia consiste en el conjunto de reacciones generales inespecílicas de adaptación. y en el conjunto de mecanismos de compensación del organismo sometido a estímulos frente a los cuales se había conseguido ya una adaptación, pero que ya no puede ser mantenida por mucho más tiempo. El mantenimiento prolongado de esta fase es peligroso. E! ser humano tiene una resistencia limitada, que elevado al extremo de debilitamiento, llega al agotamiento.

Tercera fase:  Agotamiento
Esta fase tiene lugar cuando las estrategias defensivas puestas en marcha durante las fases anteriores han fracasado. En el caso de que hubiesen tenido éxito se prolongaría el estado de resistencia con lo que mantendría temporalmente una situación adaptativa, pero esta adaptación tendría ciertos costes, como podrían ser una merma de la eficacia conductual, una merma de la tolerancia a la frustración y diversos trastornos psicosomáticos. Si las estrategias defensivas de la fase de resistencia han tenido como resultado el fracaso, es porque el organismo ha llegado al límite de sus fuerzas. Esto puede ocurrir por dos causas posibles: por la repentina y masiva descarga de energía que requirió la conducta desarrollada a lo largo de la fase de resistencia. En este segundo caso aparecerían los mismos síntomas de la primera fase de shock, pero, si la situación se prolongase más, estos síntomas se harían irreversibles y encaminarían a la extinción vital del individuo; hacia la muerte.
La causa de este deterioro orgánico, reside en que una situación de stress prolongada, exige del organismo una inactividad en las funciónes vitales del crecimiento, reproducción y resistencia a la enfermedad, para revertir toda la energía restante del organismo en una facilitación de reacciones extremas. Desde esta perspectiva, es evidente que un individuo en estado crónico de stress es mas susceptible de deterioro orgánico. Por esta causa, el período final de la fase de agotamiento acarrea una degeneración orgánica en la que los mecanismos defensivos han quedado prácticamente extinguidos.
¿En éste periodo final, es cuando el deterioro es irreversible?. No. Pero el mero inicio de una fase de agotamiento no acarrea una irreversibilidad, ni la muerte. Se considera esta fase de agotamiento como el conjunto de todas las reacciones inespecíficas realizadas por el organismo como consecuencia última de una exposición prolongada a estímulos a los que había adaptado, pero que ya no puede permanecer en ese estado de adaptación.
Por otra parte, diremos que una de las características que da continuidad a las tres etapas es la evolución de la resistencia al stress (representada mediante una U invertida). (Ver figura 2).


                        Figura 2

                 Resistencia  al   estrés

RESUMEN


A partir de lo expuesto, podemos decir que la respuesta adaptativa de nuestro organismo al estrés y al afrontamiento de los agentes estresantes y amenazantes se lleva a cabo sobre todo a través de los sistemas reguladores de la homeostasis y de la adaptación que son: el sistema nervioso autónomo simpático­-adrenal y el sistema neuroendocrino hipófisocorticosuprarrenal.
Ambos están apoyados en otras estructuras y sistemas cerebrales,  como  son: reticular, límbico (hipocampo, amígdalas, cíngulum, septum) hipotálamo, tálamo, córtex,... que desempeñan un papel importante en la adaptación y resistencia a la agresión y amenazas del medio, y que contribuyen a mantener el equilibrio biológico y estabilidad psicológica.
Así, la primera respuesta o reacción al stress estaría representada esencialmente por el SNA simpático, que parte de la base del cerebro -hipotálamo-, desciende a lo largo de la médula -inervando diferentes órganos: corazón, estómago, pulmones, intestinos, hígado,.. segregando adrenalina y noradrenalina en las terminaciones nerviosas, hasta llegar a la medida de las glándulas suprarrenales que segregan adrenalina y noradrenalina, llamadas catecolaminas. Pero junto al sistema autónomo simpático, está actuando el sistema autónomo parasimpático, cuya fúnciónes, en gran medida, restauradora.        
Por otra parte, la segunda estaría constituida por el hipotálamo, hipófisis y corteza suprarrenal.
La activación hipotalámica se traduce, a través de factores liberadores corticotrópicos, en la estimulación de distintos sistemas hormonales (entre ellos, la hipófisis y la corteza suprarrenal). La hipófisis segrega endorfinas y  hormonas adreno-corticotropas, y actúa sobre las cápsulas suprarrenales. Estas producen hormonas gluco-corticoides, entre ellas está el cortisol y la cortisona-, cuya finalidad principal es proteger al organismo de los agentes nocivos. Las hormonas segregadas se vierten en el caudal sanguíneo, y actúan a distancia sobre los distintos órganos y tejidos para provocar las modificaciones y reacciones necesarias, con el fin de asegurar la defensa y adaptación del organismo.
En definitiva, se trata de dos formas de respuesta –una inmediata y otra tardía- a los agentes del stress, de una actividad autónoma y neuroendocrina multidimensional y compleja, en orden a preparar el organismo para el afrontamiento del stress y para defenderlo de los agentes y acontecimientos estresantes.
La respuesta inmediata a través de una secreción hormonal de adrenalina y noradrenalina, y la tardía a través de cortisona y cortisol, para incidir en los diversos organos e incrementar los distintos indicadores: ritmo cardíaco, respiratorio, vasoconstricción cutánea, la vasodilatación muscular, liberación de azúcar, etc...
Como hemos apuntado, existen muchas estructuras y sistemas implicados en la respuesta al stress con amplias interconexiones neurológicas y funcionales con los dos sistemas anteriores. Entre ellas, hemos señalado el tronco encefálico -bulbo y protuberancia-, dónde hay núcleos de formación reticular, que controlan el ritmo cardíaco y respiratorio y el sistema límbico, encargado de organizar los distintos aspectos de la vida emocional, (de ahí, el componente emocional del stress). El hipotálamo, considerado como centro principal de regulación de la actividad autónoma y endocrina, centraliza la información, (de ahí su papel importante sobre los procesos cognitivos), da órdenes a distintos sistemas y estructuras, y dirige la vida afectiva, ansiedad, stress, vida vegetativa,.. El sistema reticular (sistema inespecífico), que mantiene relaciones con distintas estructuras: hipocampo, amígdalas, tálamo, córtex, y en particular, con el lóbulo frontal. Activa e inhibe, filtra la información y regula el nivel de vigilancia. Su acción sobre el sistema límbico produce el componente emocional de la reacción al stress es decir relaciona el stress y la ansiedad.      





CAPITULO    TERCERO

LOS  ACONTECIMIENTOS     
ESTRESANTES

3. 1. Acontecimientos  estresantes

Como hemos señalado anteriormente el concepto de estrés, o bien hace referencia a unos estímulos estresantes o a unas alteraciones de tipo psicopatológico. En este caso, el stress hace referencia a las consecuencias de vivir o estar bajo situaciones estresantes. Por eso, hay autores que centran su atención en el stress más como causa que como efecto, estudiando y analizando el papel de los acontecimientos como generadores del stress.
Desde este punto de vista, los primeros planteamientos consideraban que existían ciertas situaciones estresantes y que lo eran de forma general y universal para todas las personas, no teniendo en cuenta las diferencias individuales frente a tales situaciones (Holmes y Rahe, 1967).
Más tarde, aparecen otros modelos que no sólo dan importancia a los acontecimientos a priori estresantes, sino también a las valoraciones que los sujetos a pueden darles, su incidencia y las posibilidades de afrontamiento, y los modelos que dan importancia a las reacciones del sujeto frente al stress, bien sean de tipo biológico, cognitivo y emocional.
Llamamos acontecimientos estresantes, a todos aquellos factores, estímulos, agentes, situaciones, habitats, actividades, estilos de vida,... que de alguna manera pueden amenazar nuestra salud fisica y bienestar psicológico.

Conviene saber, además, que no sólo se trata de agentes de naturaleza física, sino más bien de naturaleza psicoemocional y social, y que son muchas las situaciones y actividades que a priori son desencadenantes de stress y que exigen una gran dosis de adaptación biológica y/o psicológica y de respuestas que van más allá de lo normal.
 Hay acontecimientos estresantes que se pueden hallarse fuera del control del individuo, como es el caso de la muerte de un ser querido, perder el trabajo, una desgracia, vivir en una gran ciudad,.. pero, también, ocurre que muchos acontecimientos están determinados por el estilo de vida del individuo, como es el caso de tener más de dos trabajos, competir con otros para tener un mismo nivel de vida, implicarse demasiado,...

3. 2. Taxonomía de los acontecimientos estresantes

Podemos decir que a la hora de clasificar los diferentes acontecimientos estresantes existen muchas y variadas taxonomías, como señalan Lázarus y Cohen (1977), aunque tradicionalmente se han distribuido los acontecimientos estresantes en cuatro categorías: fisicos, biológicos, psicológicos y sociales.
Nosotros, en este intento de clasificar la diversidad de los acontecimientos estresantes y de ver su papel como generadores del stress, hemos aplicado un programa de investigación y elaborado cuatro escalas de medida. Los hemos analizado y categorizado en la población general, en la vejez, en el ámbito laboral y en los contextos de conducción y del tráfico.
A nivel de la población general los agrupamos en cuatro temáticas: salud, relaciones humanas, estilo de vida, asuntos laborales y económicos.
En la etapa de la vejez,  estarían relacionados con la salud física, bienestar psicológico, con los afectos en lo social y con lo económico.
Y en poblaciones empleada y en paro estarían relacionados con el trabajo en si mismo, contexto laboral, relaciones con el trabajo, falta de oportunidades, falta de preparación,...

3.3. Medida de los acontecimientos estresantes

Uno de los campos iniciales de estudio empírico han sido los acontecimientos vitales estresantes, persiguiendo calcular factores de riesgo y establecer correlaciones entre los acontecimientos estresantes, la aparición de síntomas y de enfermedades (Holmes y Rahe, 1967).
La primera evaluación de este tipo se llevó a cabo en 1967 y consistió en pedir una amplia población de sujetos que atribuyese valor estresante a una serie de acontecimientos generalmente aceptados como agentes de cambio biográfico (el matrimonio, un nuevo puesto de trabajo, la muerte de un ser querido,..). Los sujetos tenían que puntuar los acontecimientos acaecidos en el último año en función del impacto y de la readaptaci6n que habían exigido. Así, nació la escala de ajuste social (SRRS), a partir de la que se confeccionó la Escala de acontecimientos vitales. De los acontecimientos vitales más estresantes, cinco están relacionados con la vida sentimental (muerte del cónyuge, divorcio, separación, matrimonio y reconciliación conyugal), lo que platea numerosos problemas de evaluación al tratarse de hechos de repercusión subjetiva sumamente desigual. En realidad, si conceptualizamos el stress como proceso dependiente de las cogniciones que el sujeto hace del entorno, el poder traumático de un acontecimiento dependerá de su traducción subjetiva.
Conviene señalar que estos estudios han sido objeto de críticas, debido a su metodología, su bajo poder predictivo, la escasa fiabilidad y la baja relación entre acontecimientos vitales y enfermedad.
Actualmente se está trabajando en el estudio e investigación del papel de los acontecimientos de la vida diaria en la salud de los individuos. De ver cómo las obligaciones diarias, los deberes, las pequeñas frustraciones, las adversidades y los contratiempos van minando nuestra salud física y, sobre todo psíquica.
Cabe destacar las escalas y test de Lara, A. y Acevedo, M. (!991) sobre stress de amas de casa; SRLE: de experiencias vitales recientes de Kohn y McDonald (1992); Inventario de estrés cotidiano de Branthey y cols. (1987);  Life experience Syrrey de Saronson y cols. (1978);  PUP de Paykel y cols. (1986); CED: Cuestionario de stress diario de Santed, Sandin y Chorrot,1991),...
En esa intención de evaluar el impacto de los acontecimientos estresantes, también nosotros hemos elaborado una batería de cuatro escalas llamada EAE (escala de apreciación del stress) que tienen como objetivos principales los siguientes:
-Conocer el número de acontecimientos estresantes que han estado presentes en la vida del sujeto.
- Ver la vigencia de dichos acontecimientos. Si le han dejado de afectar o todavía le afectan.
 - Conocer la intensidad con que cada uno vive o ha vivido esos acontecimientos estresantes.

Para ello hemos elaborado cuatro escalas:
- Escala  General. Va dirigida a la población general, abarcando edades comprendidas entre los 18 años y los 65 años. Consta de 53 items distribuidos en cuatro temáticas: salud, relaciones humanas, estilo de vida, asuntos laborales y económicos.

- Escala sobre la vejez. Va dirigida a la población de personas mayores con edades comprendidas entre 65 y 80 años, con la intención de evaluar sobre todo el peso de los sucesos estresantes acontecidos tanto a lo largo del ciclo vital, como los de esta etapa. Los 51 items que forman la escala evalúan aspectos relacionados con la salud fisica, bienestar psico1ógico, con los afectos, con lo social y con lo económico.

- Escala de stress sociolaboral. Va dirigida a la población empleada entre edades de 20 a 60, años. Los items los hemos agrupado atendiendo al trabajo en si mismo, contexto laboral y relaciones con el trabajo.

- Escala de stress en la conducción. Tiene como objetivo conocer la presencia de los distintos acontecimientos estresantes en la conducción y su incidencia en la conducta. Los ítems los hemos distribuido teniendo en cuenta las relaciones con otros conductores, los factores externos (físicos, ambientales, contextos) y la relación con si mismo.
En el propósito de buscar un marco referencial teórico creemos que los modelos teóricos y lineas de investigación de Holmes y Rahe (1967, 1974) y Lázarus (1967) nos ofrecen las directrices de nuestro trabajo y estudio aplicado. Desde el planteamiento cognitivo, el sujeto hace una valoración cognitiva de los acontecimientos estresantes y también de sí mismo, frente a ellos. Aunque, el acontecimiento puede ser relevante y amenazante, la respuesta que el sujeto pueda dar, puede ser adaptativa, utilizando las estrategias de afrontamiento adecuadas.
En la respuesta al stress, es flindamental tanto la valoración cognitiva que el sujeto hace de sí mismo y del contexto que lo causa, como de los aspectos aféctivos-emocionales.
Cabe destacar, además, otros inventarios como los de Burnout de Maslach y Jackson,  (1981), BI Psychomatic Questionary de Sifneos (1973), Health locus of control de Wallston y cols. (1976), MMCS de Lwfcourt (1980), ASQ de paterson y cols. (1982), AST de Anderson (1983) y CDA de Russell (1982).

RESUMEN
           Hay agentes, factores, situaciones, hábitats, contextos, actividades,... que son generadores y fuentes del stress para la persona. Pero, no se trata sólo de acontecimientos y agentes externos, sino también internos (forma de ser, estilo de vida,...) que pueden incidir en la salud física y bienestar psicológico.
           Aunque hay diversas formas de agruparlos, nosotros hemos optado por distribuirlos atendiendo a los ámbitos de estudio y contextos. Hemos afrontado esta tarea uyendo cuatro escalas, cuyo objetivo principal era analizar la incidencia y el peso de los distintos sucesos en la salud y bienestar psicológico del individuo.
           Hemos analizado, además, las posibilidades que tenemos de defendernos del stress. Para ello, utilizamos diferentes estrategias y mecanismos de afrontamiento: fisiológicos (procesos coping), la acción, los mecanismos de defensa relacionados con la conducta y con los procesos cognitivos, estrategias cognitivas, apoyos sociales,..
           Entre los procesos cognitivos de afrontamiento señalaremos la percepción selectiva, de negación, resolución de problemas, evaluaciones y revaluaciónes cognitivas, lugar de control, atribuciones, cambio de actitud, percepción de apoyos sociales,.. Cuando se da un fracaso de esas estrategias pueden aparecer: trastornos psicosomáticos, vulnerabilidad, indefensión, desamparo, abandono,..



CAPÍTULO  CUARTO

TRASTORNOS  ASOCIADOS
AL  ESTRES

4. 1. Sintomatología  general  del  estrés

Son muchos los aspectos y las formas sobre los que puede incidir el estrés en nuestra salud física y psicológica.
Cuando hablamos de trastornos asociados al estrés (es mejor que hablar de enfermedad) nos referimos a las alteraciones somáticas,  funcionales  y  psicológicas  producidas  como consecuencia de la presencia y de las agresiones de los estímulos y acontecimientos estresantes.
Como hemos visto, las respuestas que nuestro organismo da a los acontecimientos estresantes -agresivos y amenazantes- se traduce en un conjunto de reacciones, modificaciones y cambios biológicos.
Cuando hay una exposición al stress durante mucho tiempo (cronicidad y permanencia) o se da un exceso de activación (intensidad y sobreactivación intensa, aguda, desorganizada,..), entonces puede acarrear una gran variedad de síntomas o trastornos.
En general, puede afectar a distintos sistemas de nuestro organismo:  cardiovascular,  gástrico, intestinal,  respiratorio, muscular, inmunológico,...  y causar trastornos y enfermedades de la piel, caída del pelo, dolores de cabeza, jaquecas, insomnio, trastornos sexuales, desorganización emocional y/o cognitiva, tensión, irritabilidad, ansiedad, depresión, acelerar estados de cáncer, sida, etc...
Con ello no queremos decir que le afecte todo esto a un individuo en concreto, sino que se trata de un cuadro clínico general del stress, bastante amplio y diverso.
Cuando las situaciones estresantes, ya sea por su intensidad o por su duración, llegan a desbordar los mecanismos homeostáticos reguladores del equilibrio de nuestro organismo, generan en éste, trastornos y alteraciones que pueden afectar a uno o a varios sistemas biológicos  y a la conducta del sujeto.

- Alteraciones  en  el  sistema  cardiovascular
Las alteraciones que tienen como medio de desarrollo el sistema cardiovascular, han sido relativamente poco frecuentes a lo largo de la historia de la humanidad y lo son todavía en las sociedades poco desarrolladas. Pero, si en los países desarrollados, apenas se dan las enfermedades vinculadas con el hambre e infecciones, sí tienen lugar cada vez más los trastornos que se desarrollan teniendo como medio de cultivo el contexto estresante de la vida actual en estas  sociedades, afectando  en  gran  medida al  sistema cardiovascular.
 La creciente mortalidad y morbilidad consecuentes a trastornos funcionales en el sistema cardiovascular, tiene como un factor etiológico de primer orden el ritmo de vida estresante fruto de esta civilización urbana e industrial y en este factor coadyuvan las costumbres sedentarias. La alimentación excesivamente rica en proteínas y, sobre todo, en lípidos, todos ellos con sus lógicas consecuencias:  exceso  de  peso,  tensión  arterial,... La presencia de estos  condicionantes orgánicos  facilita de por sí la aparición de trastornos cardiovasculares. Pero, este peligro se verá notablemente agravado con la presencia de los acontecimientos y situaciones estresantes.
Para que una situación de estrés ejerza tales efectos sobre el corazón y las arterias tiene que estar inscrito en un estado general crónico, dado que un stress emocional breve apenas trae consigo repercusiones en este sentido.
Hay que señalar que un estado de stress crónico está determinado en gran medida por la actividad laboral que se desempeña: burnout, stress del ejecutivo y dirigentes,.. (Ortega Porras, 1981). Dado que esta, en muchos de los casos, por su naturaleza y desempeño es generadora de una tensión emocional y sobrecarga, cognitiva constante, se constituirá en la causa del stress crónico, el cual exige un esfuerzo adicional para el corazón, implicando una mayor aceleración del pulso, una elevación de la tensión arterial y del volumen sistólico y un caudal sanguíneo con el consiguiente aumento del consumo de oxígeno.
Decimos que tales alteraciones momentáneas no traen consigo demasiados problemas, pero su persistencia duradera da pie a la aparición de verdaderos estados sintomáticos de enfermedades coronarias.
  Quienes suelen estar propensos a esta enfermedad, suelen sufrir fuertes situaciones de ansiedad y stress, lo cual coadyugará el estado estresante que produjo la enfermedad sufrida, incrementa la enfermedad, lo que a su vez incrementa el miedo.
 De entre todos los trastornos cardiovasculares vinculados con el stress, tal vez el más común sea la hipertensión arterial cuya vinculación con el stress es evidente al haberse comprobado la alta frecuencia de aparición de este síndrome entre personas pertenecientes a grupos sociales que desarrollan su vida en un medio social hostil e inestable. Las alteraciones del ritmo cardíaco (taquicardias, arritmias,) constituyen otra de las manifestaciones más frecuentes de stress. También, pueden darse insuficiencias cardiacas, infartos, trombosis,...

- Alteraciones  en el  sistema  respiratorio
Otros de los sistemas relacionados con el stress es el respiratorio. Toda situación de stress, por perentoria que sea, acelera la dinámica oxidativa realizada por el sistema metabólico. De este modo, estos procesos oxidativos acelerados están presentes, de manera habitual, en la dinámica metabólica de las personas insertas en un medio tan agresivo como es el urbano-laboral.

- Trastornos  del  sistema  grastrointestinal
Al relacionar el stress con el aparato digestivo, lo primero que salta a la memoria  son dos fenómenos por todos conocidos: las y las úlceras gástricas. La vinculación de estos trastornos con el stress ha sido sobradamente investigada y confirmada. No obstante, cuál es el agente a través del cual el stress desencadena el proceso ulceroso, no tiene todavía una respuesta precisa. Al margen de cual sea el agente ulcerogenético, es que el tracto gástrico y también el intestinal, resultan enormemente sensibles al stress, porque un estado emocional como el del stress puede ser causa de irritaciones en el aparato digestivo.
Es comprensible que en un entorno vital desadaptativo y estresante como puedan ser, y lo son de hecho, la gran ciudad y los contextos laborales, faciliten la aparición de procesos ulcerosos, ya sean gástricos o duodenales. Por eso, se puede explicar cómo poblaciones expuestas a situaciones extremas son susceptibles de propender a estos trastornos. (Así sucedió en Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial). Pero, la probabilidad de que sucesos traumáticos, como esos, desencadenen afecciones gástricas, depende en buena medida de las características personales del sujeto en cuestión, aunque tal vez se puede considerar como base y punto de partida la existencia de unas características psicosomáticas especialmente propensas a traducir los impactos emocionales en trastornos gastrointestinales.
Parece, que las personas que tienden a responder con reacciones viscerales son principalmente las que no pueden exteriorizar sus tensiones emocionales, y en las que, por consiguiente, se produce una acumulación de tensiones.
Por otra parte, esta propensión hacia los trastornos del aparato digestivo no se evidencia, muchas veces, hasta que no tienen lugar situaciones especialmente estresantes. Además, de que existen diferencias individuales entre los sujetos proclives a las ulceraciones gástricas y duodenales, la herencia a la predisposición es alta y va acompañada, generalmente, de ciertos caracteres de personalidad de los enfermos. El ulceroso es generalmente un ser activo, enérgico, ambicioso, amante de las responsabilidades, y con cierta tendencia a la ansiedad. (Relación del patrón de conducta tipo A y trastornos psicosomáticos). Con la aparición de los procesos ulcerosos no sólo se pone de manifiesto la influencia del stress sobre la fisiología digestiva, sino que, además se evidencia que los estados emocionales tienen gran influencia en ella.
La manifestación patológica que mejor evidencia las repercusiones de las situaciones de stress en el aparato digestivo es, sin duda y como ya dijimos, la úlcera duodenal y, sobre todo, gástrica. Dicho proceso, de hecho, nunca se desencadena in situ, durante la situación estresante, sino muy posteriormente cuando el sujeto ya no necesita estar pendiente de la estimulación estresante para desarrollar una urgente y difícil conducta que requiere tales situaciones.
Las explicaciones de tipo fisiológico que se han dado en torno a la aparición de estos procesos ulcerosos han sido diversas, pudiéndose agrupar en cuatro grandes áreas: neurológicas, endocrinas, vasculares y psicofisiológicas.

- Enfermedades de la piel  y  caída del pelo
 Analizadas las repercusiones endocrinas del stress, no resultará difícil comprender las implicaciones que en la dermis puedan tener los estados y las situaciones estresantes. Las afecciones dermatológicas, en su mayoría de fácil diagnóstico, pueden revestir formas muy diversas, aunque se pueden agrupar bajo el término común de dermatosis psicógenas.
Entre las afecciones de la piel podemos señalar: forunculitis crónica, estomatitis, hiperhidrosis, infecciones virales, dermatitis artificil, tricotilomanía, excoriaciones neuróticas, puritus, neurodermitis, urticaria, eczema, sodasis, herpes,... destacando que los factores psíquicos juegan en todas ellas un papel, sino desencadenante, sí condicionante.
La caída del pelo (alopeceas) en algunos de los casos está claramente relacionado con el stress.

- Alergias  e  infecciones
 No cabe duda de que hoy día proliferan las afecciones alérgicas, bien de la piel, de la mucosa, o de ambas, como respuesta de un organismo ante elementos antígenos que se hace presente en él y hacia el que está especialmente sensibilizado.
Las alergias conllevan, en buena medida, una predisposición de todo el sistema neurovegetativo y endocrino en la que desde el córtex y siempre vía hipotálamo se implican todos los centros encargados de la regulación orgánica.
Durante el stress tiene lugar la secreción de gran cantidad de hormonas, las cuales impiden la formación de barreras defensivas que obstaculicen el avance y propagación de las bacterias y microorganismos patógenos. (Relación del stress y el sistema inmunológico e incluso con el sida).

- Enfermedades reumáticas  y  reumatoides
 Hemos visto cómo los estados de tensión emocional fuerte tienen sus efectos nocivos sobre el organismo. Pues bien, si durante el stress se segregan hormonas antinflamatorias, las enfermedades reumáticas tienen el efecto contrario: afecciones inflamatorias. Tanto en las fiebres reumáticas como en la artritis reumatoidea el cuadro clínico se centra en inflamaciones de diversos tejidos. Una inactividad prolongada de los sistemas biológicos de alarma es lo que da pie a esta situación.

Trastornos  psicológicos
El stress no sólo incide en la salud física, sino también en la psicológica. Ya hemos apuntado arriba la influencia funcional que el stress tiene como agente desencadenante o condicionante de diversas alteraciones psicológicas. Puede darse ansiedad, tensión, irritabilidad, fatiga, agotamiento emocional, desconcentración, desorganización emocional y cognitiva,... Todo ello, sin duda, desencadena un malestar psicológico que hace que el sujeto sufra y sea infeliz.

- Alteraciones  del  sueño
 A este respecto se da una triste paradoja, y es que el sujeto estresado es quien está más necesitado de los efectos reparadores del sueño, y es precisamente quien encuentra más dificultades para conciliar el sueño, dado que la tendencia hiperactiva de los sujetos estresados les impide entregarse al sueño en la única forma en la que uno se puede entregar a él: pasivamente. La calidad de reposo que consiguen, trae consigo como consecuencias, la irritabilidad, la pérdida de concentración y un malestar generalizado y difuso.
El sueño, como fénómeno bioquímico, electroencefalográfico, neurológico y psicológico, tiene una meta clara, la restitución del equilibrio psicosomático perdido con la actividad fisica y mental desarrollada durante el día. Esta, finalidad del sueño hace que las fases por las que transcurre estén íntimamente condicionadas por el nivel de stress del individuo.

- Trastornos  sexuales
 Son tantos los acontecimientos estresantes de la vida urbana y del ritmo laboral que pueden influir de gran manera en uno de los ámbitos conductuales más importantes de la vida: la sexualidad. Las repercusiones pueden tener lugar a nivel de los mecanismos neuroendocrinos, manifestándose en la esfera de la relación sexual una serie de disfunciones que, a su vez, podrán perturbar en mayor o menor medida la relación y la armonía de la pareja.
Estas alteraciones  -algunas claramente relacionadas con el estrés-  no sólo tienen lugar a través de alteraciones de los impulsos y motivaciones sexuales, sino que pueden producir otras que afectan a la totalidad del organismo y, en consecuencia, a la conducta.
Podemos afirmar que el stress es incompatible con una adecuada vivencia y conducta sexual, dado que la adaptación del organismo a la situación estresante requiere un empleo prioritario de la energía para dar una respuesta adaptada, y necesidades, como la sexual quedan relegadas a un plano inferior. Pero, el problema que esta situación genera hoy en día es grave, porque por un lado la sociedad resulta estresante, pero por otro, la pérdida de potencia sexual, se ve como algo malo. De este modo, el stress genera impotencia y ésta genera, a su vez, más stress... Este circulo vicioso ha llevado en más de un caso a realizar conductas regresivas, como puede ser el alcoholismo, la drogadicción o, en el peor de los casos, el suicidio.

- Trastorno de stress post-traumático
 Las personas que son víctimas de sucesos aversivos inusuales de forma brusca, tales como las consecuencias de las guerras, accidentes, catástrofes, violaciones, asi como la victimización –el hecho de ser víctima de un delito- pueden sufrir el trastorno de stress postraumático, que consiste en la alteración de los mecanismos de defensa y de la adaptación de la persona, obnuvilan la percepción de estar conectado con el mundo circundante y transforman poderosamente el  significado de su existencia. Les invaden sentimientos de angustia y de impotencia, miedo a la pérdida del control emocional.

- Estrés  y  cáncer


Dado que todo stress tiene su incidencia en el nuestro organismo, y por tanto desgaste, creemos de alguna manera afecta al sistema inmunológico.
De todos es sabido que el sistema inmunólogico es el encargado de eliminar los agentes infecciosos y de reducir al mínimo las lesiones producidas por estos.
 La respuesta inmunitaria puede ser de tipo adaptativa e innata y son producidas por los leucocitos (células fagocitarias, linfocitos, citotóxicas, células auxiliares,..) y una amplia varieda de moléculas (anticuerpos, citocinas, concentraciones séricas,... con el fin de reconocer al antígeno y de eliminarlo. Pero se dan circunstancias en las que el sistema inmunitario puede fallar por autoinmunidad (reconocimiento erróneo de los antígenos propios), inmunodeficiencia (respuesta ineficaz) o hipersensibilidad (respuesta excesiva). Por tanto si el organismo se ve constantemente amenazado movilizará sus reservas energéticas hacia los tejidos que lo necesitan, dejando a otros con menor recursos, más indefensos y con el consecuente desgaste general.
Aunque en la causación del cáncer hay que apelar a una explicación multicausal (incluida la emocional), probablemente se deba a varios factores complejos y no demasiado conocidos, combinación de secuencias, intensidades, tiempos de exposición, estados bioquímicos del organismo,...
Añadiremos, además que el stress puede funcionar como causa del cáncer, pero también como efecto en el enfermo de cáncer, al considerar éste su situación como amenazadora, originándole trastornos emocionales de gran importancia (amenaza de la autoestima, sentimientos negativos,...).
Estos síntomas a los que hemos aludido hasta aquí son una muestra de la larga lista de trastornos y alteraciones que podemos considerar relacionados con el fenómeno del stress.


RESUMEN

La respuesta que nuestro organismo da a los acontecimientos estresantes -agresivos y amenazantes-, se traduce en un conjunto de reacciones, movilizaciones, modificaciones y cambios biológicos. Pero, cuando hay una exposición al stress durante mucho tiempo, o se da un exceso de activación (biológica y cognitiva: sobreactivación intensa, permanente y desorganizada), entonces puede acarrear una gran variedad de síntomas y trastornos,   biológicos, psicosomáticos   y   conductuales (sintomatología del stress). Pueden afectar a los sistemas: cardiovascular (alteraciones del ritmo cardíaco: arritmias, taquicardias, insuficiencias cardiacas, infartos, trombosis,...), al gastrointestinal (ardores, úlceras, duodenales y colitis ulcerosas,...), al sistema respiratorio (alteraciones del ritmo, asma,...), al sistema muscular y a las articulaciones (artritis,...), pérdida de peso,. Además, puede causar trastornos y enfermedades de la piel (eczemas, acné, psoriasis, dermatosis,...), alopecia, dolores de cabeza, jaquecas, insomnio, trastornos sexuales, cáncer,... trastornos  psicológicos (desorganización emocional y cognitiva, irritabilidad, tensión, ansiedad, depresión,..).
En mi opinión, aunque no existe una sintomatología específica, no obstante podríamos señalar algunos síntomas más comunes entre los estresados: tensión, fatiga, irritabilidad, agotamiento emocional e insomnio,..



CAPÍTULO   QUINTO

EVALUACIÓN  Y DIAGNÓSTICO
DEL  ESTRES

5. 1. Introducción

La medida y cuantificación del estrés no es fácil, debido a la multiplicidad de reacciones, modificaciones, cambios y procesos que ocurren en nuestro organismo, durante y después del stress, y a la compleja actividad y coordinación de los sistemas nervioso y endocrino. También, depende de si se trata de un stress circunstancial o duradero, agudo o crónico, dado que éstos suelen dejar menos secuelas en el organismo. Pero, si es duradero o crónico, como resultado de muchos sucesos estresantes o sucesivos, puede situar al sujeto en un estado más preocupante y con más síntomas.
Teniendo en cuenta el estado actual de conocimientos y a la vista de la revisión bibliográfica, podemos señalar que no existe un diagnóstico específico del stress, teniendo que hacerlo a través de sus manifestaciones, y esto debido tanto por la inespecificidad de la causa, como por sus consecuencias.
La evaluación del stress la abordaremos de dos formas (directa e indirectamente) y desde tres perspectivas: clínica, psicológica y contextual.

5. 1. Evaluación  clínica

Este tipo de evaluación la realizaremos, en primer lugar, a través de niveles plasmáticos en la sangre y urinarios (sobre todo catecolamínicos y corticoides: niveles de adrenalina y noradrenalina, cortisol y cortisona), ACTH, azúcares, colesterol y lípidos en la sangre, ph salival, acidez en la orina,... En segundo lugar, a través de los distintos indicadores de nuestro organismo (somáticos, fisiológicos y psicofisiológicos), tales como ritmo cardíaco, tensión arterial, frecuencia respiratoria, ritmo  cardiaco, volumen cardíaco, cardiometria, temperatura periférica, diámetro de la pupila, volumen del pulso, tensión muscular, actividad electrodermal de la piel (EDA), tiempos de reacción, electroencefalograma,...
Existen, además, otros registros como los análisis nutricionales proteínas y vitaminas), análisis minerales del pelo (calcio, magnesio, sodio, potasio,...) y el estudio del sistema inmunológico: glóbulos blancos y rojos,...

5.2. Evaluación psicológica  y  conductual

Además, de los análisis de los diferentes indicadores  y parámetros relacionados con el organismo, se puede hacer también desde los psicológicos. Para ello, constataremos, en primer lugar, la incidencia de los acontecimientos estresante en la vida del sujeto y sus efectos en su salud física y psicológica; en segundo lugar, los trastornos ocasionados en su conducta (ansiedad, depresión,...), los patrones de respuesta al stress, los comportamientos atípicos,... y  por ultimo, las estrategias de afrontamiento del stress (conductuales, cognitivos, emocionales, sociales,..)

5. 3. Evaluación  contextual

Otro tipo de evaluación sobre el stress y que merece una mención especial, es la de estudiar el tipo de agentes y acontecimientos estresantes presentes en la vida del sujeto y su repercusión en la salud física y bienestar psicológico.
Para ello, contamos en la actualidad con escalas que permiten analizar estos aspectos.

5. 4. Consideraciones  finales

Como ya hemos apuntado, a pesar de que existe la posibilidad de utilizar numerosos registros y medidas para la evaluación y diagnóstico del stress, no resulta nada fácil en cada caso conocer el grado en que el organismo se ve afectado por él, dado que depende de múltiples variables y que, además, tienen diferentes significados (inespecificidad del stress).
Podemos señalar que en la actualidad es habitual el empleo combinado de distintos registros para detectar las diferentes respuestas de adaptación al stress y las peculiares relaciones  entre  los correlatos  biológicos,  fisiológicos  y psicológicos,... En definitiva, la complejidad del fenómeno estrés.

RESUMEN


Ya hemos dicho que la evaluación y diagnóstico del stress no es fácil debido a la multiplicidad de reacciones, cambios y procesos que ocurren en nuestro organismo y a la extraordinaria sensibilidad y reactividad de los sistemas implicados en el stress.
Teniendo en cuenta el estado actual de conocimientos sobre el estrés, se puede decir que no existe todavía un diagnóstico específico del stress, obligándonos a hacerlo a través de las distintas manifestaciones clínicas. Esa evaluación la haremos a través de análisis de los distintos niveles plasmáticos y urinarios, a través de análisis nutricionales, análisis minerales en el pelo, sin olvidar el diagnóstico psicológico y contextual. No obstante, a pesar de poder utilizar numerosos registros y medidas del estrés, no es fácil en cada caso que conozcamos el grado de estrés que afecta al organismo, dado que depende de múltiples variables y que tienen diferentes significados. Por eso, lo habitual es el empleo de diferentes indicadores y registros para detectar los diferentes efectos del estrés en los distintos niveles del organismo.





CAPÍTULO  SÉXTO

AMBITOS DE  INVESTIGACIÓN Y ESTUDIO  SOBRE  EL  ESTRES

6. 1. Ámbitos  de  estudio  sobre  el  estrés

Hay muchas situaciones, contextos, ambientes, actividades, cargos, roles,... que son particularmente generadores de estrés, y a los que el investigador y estudioso  debe dedicarles una especial atención.
Son ejemplo de ello los trabajos de producción en cadena (ya sea de ritmo lento o rápido), los trabajos de noche y cambio de turno, la conducción en grandes ciudades, el tecnostress (trabajo realizado con ordenadores y computadoras), el estrés debido a ciertos estatus y roles  (emigrantes, del jubilado, embarazo,...), el burnout (el estrés asistencial sufrido por muchos profesionales del sector sanitario: médicos, dentistas, personal de enfermería, cuidados intensivos, paliativos, de enfermos crónicos,...), el mobbing (estrés de los trabajadores producido por el ataque a su valía o forma de trabajar, desde sus jefes u/y organización), estrés docente: profesores, directores,... Burnout de los abogados, psicólogos, psiquiatras, terapeutas, periodistas, funcionarios de la administración pública y de la banca, policías, bomberos,...), stress del estudiante, de las amas de casa, el stress diario, de los controladores aéreos, de los pilotos de vuelo, de fórmula 1/2000 y de rally, de los agentes y corredores de bolsa, de los dirigentes y ejecutivos de empresa, de los deportistas sobre todo de alta competión, deportes de riesgo, de las víctimas de agresiones sexuales, del terrorismo, de accidentes, de desgracias, catástrofes,... el stress infantil, familiar, de la pareja, etc.,...

- La actividad  o  trabajo en cadena
Las tareas de producción, ya sean de rítmo rápido o lento, pueden ser determinantes de stress y de accidentes. La actividad lenta debido a la monotonía y falta de estímulos. Y la rápida, debido a un constante y alto nivel de vigilancia y gran esfuerzo.

- El  trabajo  de  noche  y  cambio  de turno
Según los distintos estudios esta condición de trabajo es responsable de numerosos trastornos psicosomáticos (fatiga, alteraciones del sueño, trastornos digestivos, irritabilidad,...) y eso es debido a la alteración de los ritmos biológicos del sueño, alteraciones de las secreciones hormonales y de numerosas constantes biológicas.

-         Mobbing (stress de los trabajadores amenazados)
         Hace referencia a una problemática que sufren algunos trabajadores en sus centros de trabajo. Desde su empresa o desde actitudes personales de sus jefes se ataca a la valía del individuo, a su forma de trabajar, o incluso a su vida personal, haciendole caer en estados físicos y psicológicos graves y en situaciones laborales de marginación y gran insatisfacción.
          Sus antecedentes se sitúa en un rechazo al jefe, afectivo, sexual o laboral, o en una ameazante valía del trabajador para la empresa o jefecillo.

-Pilotos  de  vuelo
Su actividad, además de implicar una constante vigilancia y alta responsabilidad, se realiza bajo el signo del constante cambio. Deben adaptarse a un conjunto de factores que varían constantemente: climatología, horarios, nivel de altura,... y que alteran los ritmos biológicos y el modo de vida. Las consecuencias más frecuentes son: trastornos oculares, hipertensión, alteraciones cardiovasculares, úlceras de estómago y, a veces, envejecimiento precoz.

- Tecnostress
Se trata de un síndrome que tiene carácter amplio y variado y que es causado por la actividad desempeñada por el sujeto con ordenadores y tecnología computarizada.
Esta problemática se ha podido analizar a través de distintos estudios. Se han realizado con sujetos que trabajan con ordenadores y computadores, con mujeres embarazadas y con sujetos adictos a los ordenadores y maquinitas. Tanto los primeros y las segundas muestran dolores de espalda, de cabeza, rigidez del cuello, molestias oculares, cansancio, falta de adaptación a su trabajo, problemas de comunicación, depresión, etc,.. y el tercero conductas de aislamiento y relaciones inadecuadas con la máquina. En algunos niños y adultos adictos se podido comprobar la existencia de reacciones autistas y esquizoides.

- El estrés debido  a  ciertos  estatus  y  roles
Aquí nos vamos a referir a dos de ellos: el stress de los emigrantes y el stress de los jubilados. Los emigrantes tienen que hacer un afrontamiento intenso, rápido frente a cambios drásticos, como son el marco sociocultural - lengua y costumbres- y estilo de vida del otro país y se ven obligados a adaptarse rápidamente a él.
Respecto a la jubilación, se puede decir que puede resultar para algunos una etapa drástica, ya que es un período critico del ciclo vital y un factor de stress, debido al gran número de acontecimientos que pueden ocurrir.

- Estrés  de los  dirigentes  y  el  burnout         
 Hay dos campos que merecen especial atención en este capítulo, son el tema del stress de los dirigentes y el burnout, ambos campos a veces, muy relacionados. Los primeros son dirigentes y ejecutivos de empresas, organismos, partídos políticos, y son el blanco ideal para el stress y unas víctimas frecuentes de stress crónico. Los segundos pertenecen a uno de los  campos de estudio e investigación al que en la actualidad se presta una atención especial: burnout o stress asistencial.
           Estos profesionales de la dirección empresa, de la administración pública, de organismos, de la política, de la banca,... son el blanco ideal para el stress crónico debido a aspectos relativos a su contexto laboral y organizacional, y al que se suman otros aspectos propios de su estilo de vida y a sus características de personalidad.
           El desempeño de su trabajo debería conllevar la realización personal, el desarrollo de las motivaciones, la consideración de su trabajo como algo significativo, la satisfacción general, la independencia, la autonomía y la potenciación de las relaciones sociales. Pero, su vivencia no siempre es así. El alto nivel de responsabilidades, la urgencia de tiempo, la sobrecarga laboral y su implicación en la empresa no aportan ni el desarrollo humano, ni la felicidad esperada. Al contrario, con el tiempo pueden dañar fuertemente su salud física y el bienestar psicológico.
-          Estres  de los  ejecutivos  y  dirigentes  de  empresa

         Investigadores y especialistas buscan relaciones entre el stress del ejecutivo de empresa y patrón de conducta de tipo A y burnout con directivos de la Función pública.
         A partir del estudio y trato con dirigentes de la Administración pública considero que algunos de ellos manifiestan una forma especial de stress laboral y ocupacional, más relacionado con el síndrome de burnout, que con el patrón de conducta tipo A.
         Los ejecutivos, al igual que los de tipo A son sujetos  muy  activos,  competitivos,  luchadores,  tenaces, persistentes,.. tratan de alcanzar el más elevado nivel, el mayor número de objetivos en el menor tiempo posible; persiguen sin cesar situaciones de liderazgo y de éxito; están implicados en una continúa actividad conductual, sobre todo laboral y vivida como lucha  profesional; experimentan una constante urgencia de tiempo que les hace intolerables al reposo y a la inactividad; perciben el entorno, muchas veces, como opuesto a sus objetivos y amenazador de su autoestima. Por eso, sus interacciones con el medio pueden ser combativas y hostiles. Ese vivir en perpetuo estado de lucha y desarrollar una vida en un contexto eminentemente estresante puede conllevar enfermedades y trastornos de tipo cardio-vascular (arrítmias, hipertensión, infartos,..) y gastrointestinales (gastritis, ardores, úlceras,..) y cambios emocionales de naturaleza depresiva.
          Unos y otros deben aprender a prevenir y a luchar contra el stress, utilizando estrategias de afrontamiento adecuadas para cada situación, gestionando el tiempo de trabajo y delegando responsabilidades.
- Estres  asistencial  o  burnout
         Se refiere al stress laboral que sufren algunos profesionales por su especial relación con sus clientes o pacientes. Aunque el término en un principio se refería al stress que sufrían algunos profesionales del sector sanitario (en concreto los médicos y personal de las unidades de cuidados y vigilancia intensivos), este concepto se ha ampliado a otros ámbitos y contextos como la abogacía, la docencia, el terapeútico, al funcionariado, a los policías, a los bomberos,... que implican ayuda, servicio, asistencia y relación con otras personas y cierto carácter de urgencia, solución inmediata, ..
          Las personas que sufren burnout se caracterizan por bajos sentimientos de realización personal, de autoestima y valía, por la necesidad o ganas de abandonar el centro o lugar de trabajo, sensación de estar emocionalmente agobiados, actitudes de despersonalización,.. es decir, están quemados. Y todo ello debido a la sobrecarga laboral, falta de autonomía, presiones, conflicto de roles, ambigüedad de las funciones del cargo, dificultades de autorrealizarse o de que sus expectativas y demandas profesionales no encuentren su reflejo en las correspondientes estructuras organizacionales,...
          Lo cierto es que, ya sea debido a  factores estresantes originados por la organización, centro, entidad,...  al desempeño del cargo y a los aspectos personales, trae consigo consecuencias psicofísicas negativas en estos profesionales, tales como tensión psicológica, inquietud, nerviosismo, irritabilidad, agotamiento, cansancio, fatiga, dolores de cabeza, insomnio,...
- Estrés  de los  profesionales  de la  salud
         Son muchas las fuentes del stress ocupacional de los médicos y personal sanitario, pero en buena parte están referidos a su relación con los pacientes y la estructura y clima organizacional.
         Respecto a la primera, debido a situaciones (lesiones, traumatismos, dolores, sufrimientos, riesgo de muerte,...) que demandan soluciones de emergencia, de gran competencia, de niveles muy altos de responsabilidad y eficacia, y muy bajos de error. Con relación a la segunda, posibles sobrecargas de trabajo, jornadas semanales muy superiores a las treintaicinco horas, presiones de tiempo, falta de perspectivas profesionales y de realización personal,...
          A todo ello se pueden añadir otros factores de muy diferente índole, como el papel ambiguo y poco cercano de la dirección, la falta de medios y recursos necesarios en cada momento de las intervenciones, los objetivos de reducción de gastos, la falta de autonomía, el temor a dar información negativa al enfermo y familiares, miedos alos errores,...

- Síndrome  de  burnout  en  médicos  de  familia
         Debido al stress laboral y a la falta de afectación emocinal con sus clientes-pacientes parece que se puede originar en su vida cambios de conducta y estado de ánimo que sin duda alguna van repercutir en su trabajo y relación con los demás, causando por un lado posibles descensos en su efectividad y rendimiento laboral, fatiga, malestar general, irritabilidad, impaciencia, sentimientos de falta de realización personal en el trabajo, y por otro, provocando interrelaciones personales inadecuadas, de indiferencia, descenso de interés por los demás, despersonalización,  mecanismos de evitación, absentismo laboral, etc,.. y todo ello como efecto en gran medida por falta de una adecuada adaptación a su trabajo.
         Por último, dentro de este contexto sanitario no queremos olvidarnos de aquellos otros médicos especialistas como cirujanos, oncólogos, enfermeras, personal de cuidados paliativos,... que están diarimente sometidos a constantes y fuertes agentes estresores, y que unos casos y otros deberían tomarse medidas de prevención y afrontamiento dirigidas tanto a los individuos, como a las organizaciones.

- Cuidadores  de  enfermos  crónicos (y de gente mayor)
         La enfermedad crónica tiene una gran incidencia en toda familia, pero sobre todo en sus cuidadores, ya sean familiares o no.
Para los cuidadores familiares o primario su impacto es muy grande, no solamente a nivel emocional (tristeza, ambivalencia de sentimientos, negación de los mismos,...), sino también a nivel funcional, dado que asume la mayor parte de los cuidados y responsabilidades, sin encontrar momentos de respiro para descansar, recuperar fuerzas y dedicarse a uno mismo, limitándole al mismo tiempo su vida social. Poco a poco se va produciendo un desequilibrio respecto a su familia y entorno social.
  Para los cuidadores externos, aunque su situación a priori es diferente, no obstante, sufren stress debido a la intensidad y continuidad de los cuidados, excesivo trabajo y estrecha relación con el enfermo.
 Obviamente este stress repercute en el equilibrio psíquico del cuidador y de la propia familia, así  como de la calidad de los cuidados al enfermo. Estar expuesto a esta situación de stress se traduce en cambios de personalidad y de carácter que dificultan las relaciones familiares y que dan lugar a un profundo sentimiento de soledad y angustia
 Los efectos de este stress crónico van agotando la disponibilidad física y psíquica del cuidador apareciendo la anergia y la inhibición. Los indicadores más significativos en la generación de tensión y stress son perturbaciones del sueño, cansancio físico, nerviosismo, irritabilidad,...

- Estrés ocupacional  de los  profesionales  de la  docencia
    Entre las principales fuentes de stress señalaremos las posibles demandas excesivas de trabajo, de horarios y de dedicación, la presión de la dirección del centro, su falta de apoyo a veces, las conductas inadecuadas de algunos alumnos, el mal ambiente escolar, la vuelta a clases, las malas relaciones entre  algunos profesores, la preocupación por su realización personal y de futuro y, a veces, por falta de competencia y valía profesional.
 Por ello el stress se puede manifestar en emociones desagradables, de tensión, frustración, ansiedad, creciente irritabilidad y depresión, sentimientos de poca valía, de insatisfacción laboral, disminución de la motivación docente, absentismo, quejas psicosomáticas,...

- Estrés  de  las  amas  de  casa
 En buena parte de los hogares todavía la mujer se ve obligada a realizar demasiadas cosas por el hecho de ser mujer. Como ama de casa se ve atada a un sin número de tareas y responsabilidades que le someten cada día a una fuerte carga estresante.
 Pero a ese rol de ama de casa hay que añadir en muchos de los casos los de roles de esposa y madre. Lo cual hace que las tareas a desempeñar sean muchas y variadas y ocupen  las venticuatro horas del día, impidiéndole tener poco tiempo  disponible para el ocio, le resten posibilidades de hacer y atender amistades y relaciones sociales, no se valore suficientemente su trabajo,.. Y es que rol del ama de casa está  poco estructurado y es difuso en cuanto a sus funciones, responsabilidades y horarios. Su rol de trabajadora no tiene límite de horarios, estando obligada a aceptar todas las responsabilidades que cada momento requiera de ellas. Por otra parte, muchas de las tareas que deben llevar a cabo diariamente pueden ser consideradas como aburridas y repetitivas, lo cual les van proporcionar muy pocas satisfacciones. Además, dado que se trata de un contexto que no facilite demasiado desarrollar la creatividad, en el que muchas tareas no requieren grandes habilidades, en el que hay una ausencia de refuerzos y de alabanzas, en el que no hay unas recompensas (ni económicas, ni sociales), y en el que a veces surgen conflictos de roles en entre ser trabajadora por cuenta ajena y las responsabilidades familiares,... Por todo ello creemos que mucho casos el desempeño de estos roles poco prestigio les va a dar, dañando así los sentimientos de autoestima y de autoeficacia, llevándoles inevitablemente a situaciones generadoras de insatisfacción laboral, de stress y/o depresión.
 Por ello se puede considerar a las amas de casa como un colectivo de alto riesgo para salud. Aunque todo aparentemente parece dañar la salud de las amas de casa, puede contar con muchos factores atenuantes como los apoyos afectivos, sociales, estrategias de afrontamiento, su autoestima,..

- Stress postraumático en las víctimas de  agresiones sexuales
Son millones de mujeres de todo el mundo que en algún momento de su vida han sido violadas, sometidas a una actividad sexual no consesuada, ni querida, y alcanzada mediante coacción, amenzas y al uso de la fuerza. Pero el problema no es solamente el hecho de la agresión sexual, que ya en sí es muy grave, sino sus efectos tanto a corto, como a largo plazo y en los diferentes niveles.
 Les pueden causar alteraciones a nivel psicofísico (del sueño, del apetito, tensión muscular, taquicardia, disfunciones sexuales, lloros incontrolados,...), conductuales (evitación de situaciones sociales, limitación de la vida social, aislamiento,...), a nivel cognitivo (con pensamientos e imágenes desagradables, pesadillas de violación y muerte, reexperimentación de lo ocurrido,...) y a nivel psicológico (con miedos, fobias, angustia, ansiedad, miedo a realizar el sexo, pérdida del deseo sexual,...). Su prevalencia es muy alta, tanto en víctimas muy recientes (menos de tres meses), como en no recientes, y muchos de esos síntomas perduran en el tiempo, un término medio de siete a diecisiete años, e incluso durante toda su vida.
 No obstante, hay que decir que el  nivel de impacto psicológico y el desenlace de esta situación van a depender de muchas otras variables como la edad y el estado civil de la víctima, las características de la agresión sexual y la relación con el agresor (desconocido-conocido), y de los factores posteriores a la agresión como son los apoyos familiares, sociales e institucionales:policía, médicos, jueces,...).

- Estrés  infantil
 Dentro de esta etapa tan importante y compleja del ciclo vital vamos a referir las fuentes del stress sobre todo a cuatro áreas relacionadas con el contexto familiar, escolar, social y salud del niño.

- Area familiar. Cabe destacar como posibles estresores el nacimiento de un hermano/a, la muerte de familiares cercanos y queridos (padres, abuelos, tios,..), la enfermedad grave  accidente, situación de droga, alcoholismo,... de algún ser querido, conflictos diarios con los padres u otro familiar,..., mal ambiente familiar (riñas, peleas,..), el divorcio/separación de los padres, los maltratos, abandonos y castigos excesivos, inadecuados, o sin razón, problemas o desgracias económicas de la familia, ambiente pobre y falto de recursos para días señalados (nochebuena, cumpleaños, día del santo,.. aunque cada uno de ello tiene su propia dinámica y especificación en función de las variables personales del niño y estrategias de afrontamiento con las que cuente en cada caso y situación.  

- Area escolar. Las fuentes de stress pueden estar relacionadas con el cambio de centro/ingreso en otro, con el cambio de profesor/a, con demasiadas exigencias escolares y deberes para casa, con la falta de ayudas y apoyos en los estudios, con los suspe

nsos, con el repetir curso, con los castigos en el colegio o en casa, con el trato (discriminaciones, burlas e ironías,... por parte de algún profesor/a, hablar en público,...
 Su incidencia y consecuencias en la salud física y psíquica del niño/a dependerá de características personales, madurez y apoyos educativos y emociales con los que cuente en cada momento y caso.

- Area social. Los agentes estresantes están relacionados sobre todo con el fracaso en el establecimiento de relaciones sociales con los demás compañeros, indiferencia y rechazo de sus compañeros, burlas, vejaciones, ruptura de una amistad, de un amor, pérdida de un amigo por muerte o cambio de residencia,...

 Todo ello puede conllevar a sentimientos de ineficacia, aislamiento social, agresividad, timidez  y a situaciones en las no se desarrollen adecuadamente las habilidades interpersonales. Por ello desde la escuela -posiblemente el contexto más adecuado- se deben potenciar las relaciones sociales y favorecer las relaciones de amistad y cooperación.
- Area de la salud. Nos referimos a defectos, problemas y situaciones relacionados con la salud como pueden ser una enfermedad crónica, un accidente, o un  traumatismo y a todas aquellas consecuencias que pueden derivarse: exploraciones médicas, hospitalizaciones, intervenciones, restricciones de actividades, ruptura con la vida cotidiana, separación de la familia y amigos,..
 Todo ello puede dañar el desarrollo armónico del niño sino se ponen los medios y ambientes adecuados. 

- Estrés  familiar
 El ambiente familiar es el lugar idóneo, dónde se hacen sentir más facilmente, tanto los problemas externos como los propios. Así, el stress del trabajo y los problemas de los hijos en el colegio se trasladan al hogar. Cuando aparece este tipo de stress es probable que afecte al funcionamiento de toda la familia por lo menos durante un cierto tiempo en el cual el suceso estresante esté presente. La familia responde al stress como grupo aunque depende de las interrelaciones de los miembros que la forman.
 Pero no siempre hay que buscar las fuentes del stress familiar en agentes externos a ella, sino que la familia en sí misma genera stress.
 Podemos señalar como estresores de la familia, la muerte, una enfermedad, la hospitalización de un ser querido, la pérdida de ingresos económicos, los cambios de residencia por trabajo, el divorcio de los padres, casos de prisión o drogadicción de alguno de sus miembros,...
 Por otra parte, en cuanto a la forma de afrontar el stress ocurrirá con mayor frecuencia, en primer lugar, desde la misma familia, aunque el peso de los estresores a veces recae más sobre alguno de sus miembros.
 Implicarse en el stress consume energía y recursos de la familia, pudiendo causar mayor vulnerabilidad en cada uno de ellos. Pero también puede aumentar la resistencia al distress, proporcionando un amortiguiador social contra las dificultades y los problemas de la vida diaria.
 La vulnerabilidad o resistencia dependerá, pues, de las habilidades y recursos de la familia para resolver los problemas.

- Etrés diario
 Se refiere al malestar que pequeñas contrariedades, molestias, dificultades, problemas y tareas que nos trae la vida cotidiana y que influyen, sin duda, en nuestra salud (Kanner y otros, 1981; Delongis y otros, 1982).

- Estrés en deportes de alta competición
En este apartado queremos analizar cuáles son los acontecimientos, agentes y situaciones, posibles generadores del stress y los efectos negativos del mismo sobre el deportista de alta competición. Por tanto, analizar la frecuencia y la influencia en el rendimiento deportivo.
Sabemos que en el ámbito y contexto deportivo se dan demasiadas situaciones, agentes y acontecimientos que pueden generar stress en los deportistas. Estos pueden darse antes, durante y después de la práctica deportiva, y puede afectar tanto a deportistas jóvenes como de alta competición.
  Como hemos apuntado anteriormente nos interesa conocer en primer lugar cuáles le afectan y el papel de cada uno de ellos, y en segundo lugar los efectos negativos sobre su rendimiento deportivo y sobre su salud física y psiquica (síndrome de burnout). También, conocemos que los daños que pueden causar no son directamente proporcionales ni al número de los acontecimientos presentes, ni al nivel de su incidencia (aunque esto es muy importante), sino que va a depender en gran manera del papel de ciertas variables llamadas moduladoras) como son la salud, el autocontrol, la autoestima, la autoeficacia, las expectativas respecto al rendimiento deportivo, las atribuciones, el lugar de control, la experiencia y otras.
Señalaremos, además, que las fuentes del stress son muchas y diversas. El deportista recibe controles, presiones e influencias estresantes severas y prolongadas procedentes del entrenador y del cuerpo técnico, de los directivos, del club, de la prensa, del público, de los familiares, y sobre todo de sí mismo (por conseguir los objetivos de autosuperarse, la búsqueda de aprobación social, la maestría deportiva, etc,.. A veces percibe que el ambiente y los agentes externos hacen demandas sobre él que no son acordes con sus propias capacidades y expectativas (miedo a ganar, miedo a la derrota). Por eso todo ello puede generar una excesiva activación, tensión, pérdida de concentración y pensamientos negativos. Si esto sucede en etapas precompetitivas el stress multiplicará los estados y los niveles de ansiedad. Por eso tanto el stress como la ansiedad que comportan las situaciones pre y competitivas pueden ser un problema importante para obtener los máximos rendimientos deportivos.

- Características del síndrome  del  burnout  en el  deporte
Un sujeto altamente estresado podrá manifestar agotamiento físico y emocional, poca energía, poco interés por la actividad deportiva, bajo autoconcepto, pérdida de confianza en sí mismo, sentimientos de bajo rendimiento y sensación de estar fallando, merma de motivación deportiva, bloqueos ante los entrenamientos competitivos, fracaso de expectativas deportivas, baja productividad o disminución del nivel de rendimiento, distanciamiento del entorno deportivo, tendencia o propensión al abandono de la práctica deportiva,...

- Estrategias de afrontamiento del estrés deportivo
a- Neutralizar el stress, controlando los estímulos ambientales, el nivel de arousal y los pensamientos negativos.
b- Aprendizaje  de  las  técnicas  y habilidades psicológicas de control: inoculación del stress, control de la tensión muscular y psicológica (relajación progresiva,...), de defensa frente a las presiones sociales y familiares,..
c- Planificar la actividad deportiva.


6.2. Líneas de investigación sobre el  estrés

Son muchos los campos y líneas de investigación llevadas a cabe dentro del tema del stress. Como hemos apuntado, se trabaja en el estudio y la medida de los acontecimientos estresantes de la vejez, de tos contextos laborales y del stress urbano, en los procesos coping y las estrategias de afrontamiento, sobre las implicaciones del sistema nervioso autónomo, endocrino e inmunológico, trastornos del stress o relacionados con él, stress y cáncer,...
Desde la Psicología destacamos las investigaciones de Lázarus (1966, 1977), de Eysenck y Eysenck (1957, 1981) y las llevadas a cabo sobre los patrones de conducta de tipo A-B, lugar de control interno y externo y trastornos psicosomáticos (Rosenman y Friedman 1969,...). Los Eysenck desarrollan trabajos sobre la activación autónoma, reticular y cortical y las diferencias individuales en las dimensiones de personalidad (estabilidad emocional, neuroticismo, intro-extraversión). Buscan apoyos empíricos de sus hipótesis a través de situaciones de stress en diferentes campos (privación sensorial, dolor, vigilancia,..)
Por otra parte, Rosenman y Friedman descubren que las enfermedades coronarias aparecen frecuentemente asociadas a individuos que se caracterizan por una personalidad que ellos denominan de tipo A. En 1976 publicaron los resultados de un estudio sobre una muestra de 3.000 sujetos. De estos, los que desarrollaron un "estilo de vida tipo A" demostraron un mayor riesgo de enfermedad coronaria, el doble que los de tipo B.
Respecto al patrón de conducta tipo A, a nivel descriptivo, podemos decir que son: sujetos en continua competitividad, tratan de alcanzar el más elevado nivel en el mayor número de objetivos y en el menor tiempo posible; persiguen sin cesar situaciones de liderazgo y de éxito profesional. Están implicados en una continua actividad conductual, sobre todo laboral y vivida como lucha urgente e impaciencia. La inactividad los conduce al aburrimiento, malestar, ansiedad,... Viven estados emocionales generalmente displacenteros y sus motivaciones no buscan la pura actividad, sino que ésta es un instrumento para alcanzar el reconocimiento. Pero, su conducta no es consumatoria. Experimentan una constante urgencia de tiempo, que les hacen intolerables al reposo y a la inactividad. Perciben el entorno como opuesto a sus objetivos y como amenazador para su autoestima. Sus interacciones con el medio  son  combativas  y hostiles.  Necesitan  afirmarse continuamente a través de logros personales para alcanzar la cognición de estima y de control. En resumen se trata de individuos impacientes, ambiciosos, competitivos, persistentes, deseosos de reconocimiento y estima, agresivos y hostiles, que viven constantemente bajo tensión, con urgencia de tiempo, incapaces de relajarse, activos, en competición con el medio ambiente, queriendo hacer más y mejor,...
Todo ello les hace vivir en constante estado de lucha y  desarrollar una vida en "un contexto estresante".
Desde el punto de vista biológico, los sujetos del patrón de conducta tipo A, están configurados por la activación simpático­adrenal, presentando mayor excreción de catecolaminas, ACTH, cortisol y niveles más elevados de colesterol en la sangre que los sujetos de tipo B. Reflejan una mayor energización sistémica en las respuestas a las demandas ambientales a través de registros psicofisiológicos.
Su reacción al stress es doble: fisiológica y comportamental. Su organismo se mantiene en constante activación fisiológica y presentan una mayor reactividad nuerofisiológica en situaciones de stress y una lenta recuperación en los parámetros fisiológicos activados. Comportamentalmente son personas que exteriorizan sus respuestas a la frustración y al stress de forma excesiva. La menor contrariedad se traduce en una irritabilidad y en accesos de cólera desproporcionados en relación al factor desencadenante. Utilizan predominantemente la acción como estrategia de lucha por la consecución del éxito y el control sobre el ambiente. La sensación de pérdida de control y el deseo constante de mantenerlo, explica la lucha constante por el control del medio. La cognición de control es precaria y da paso con facilidad a la cognición de derrota o indefensión.
Además, el tipo A presenta una sintomatología especifica de tipo  psicosomático.  Los  sujetos  están  predispuestos  a enfermedades y trastornos de tipo cardiovasculares (arritmias, hipertensión, infarto, trombosis) y gastrointestinales (úlceras gástricas e intestinales,...). Segun Friedman, el noventa por ciento de los sujetos afectados de infarto son del tipo A y el riesgo de enfermedad cardiovascular es dos veces mayor que en el tipo B. Este mayor deterioro cardiovascular del tipo A se puede explicar por los niveles de adrenalina y noradrenalina que llevan a un aumento de tasa cardíaca, tensión arterial, colesterol (activación del SNA simpático-adrenal), y que se apoya en cogniciones de tipo indefensión y locus de control.          Por otro lado, está el patrón de conducta tipo B, que se define en contraposición al tipo A y que se refiere a sujetos poco activos, poco combativos, poco  ambiciosos  y agresivos, aparentemente resignados y apáticos y proclives a instalarse en situaciones de subordinación. (Pero, lo ideal sería hablar de propias características del tipo B). Los sujetos del tipo B reaccionan al stress más bien a través de mecanismos córtico-suprarrenales (segregan cortisona y cortisol) y, cognitivamente, interiorizan las reacciones al stress. Manifiestan una sintomatología psicoflsiológica específica. Están predispuestos a las afecciones alérgicas -por falta o deficientes defensas inmunológicas- y a las depresiones nerviosas.


RESUMEN

Son muchas las actividades, profesiones, cargos, estatus y roles que en sí pueden entrañar un mayor riesgo de estrés y en las que debemos centrar nuestro estudio e investigación: trabajos en cadena, cambio de turno y horarios, vivir y conducir en las grandes ciudades, stress de los pilotos de vuelo,  de fórmula 1, azafatas,  de los jubilados, de los emigrantes, estrés de los dirigentes y ejecutivos, de los trabajadores (enfermería, funcionarios, docentes, trabajadores amenazados y desprestigiados (mobbing). Pero, quizás los ámbitos más interesantes sean el estrés urbano, burnout o stress asistencial (de profesionales como médicos, ATS, abogados, funcionarios, profesores, psicólogos, policías, bomberos,...), el tecnostress (trabajadores con ordenadores y computadoras) y stress y cáncer.
Señalaremos que contamos con abundante literatura y documentación sobre estos campos. Así, sobre el burnout hay trabajos que analizan su incidencia dentro de las organizaciones, el contexto laboral que lo desencadena, el papel del sujeto respecto a ese contexto, su competencia y valía, los efectos del burnout y medidas para afrontar el estrés.
Desde los estudios diferenciales y de personalidad cobran especial interés los procesos cognitivos, vulnerabilidad, de la salud física,... considerados como responsables en gran medida de la respuesta y secuelas del estrés.




CAPÍTULO   SEPTIMO
ESTRES  Y  VEJEZ

7. 1. Proceso  de  envejecimiento  y  tercera
        edad

El proceso de envejecimiento es, sin duda, algo propio, individual y característico de cada persona. La biología del individuo y la sucesión de acontecimientos que tienen lugar a lo largo de su vida van a determinar de forma muy específica el proceso y las características del envejecimiento.
Este proceso adquiere un mayor significado que en las etapas anteriores, edad adulta y juventud, dónde los cambios observados no suelen ser tan acentuado ni tan rápidos.
Para su estudio, se ha utilizado preferentemente una metodología propia de la investigación del desarrollo, destacando las  estrategias  transversales,  longitudinales  y  los  diseños secuenciales (Buss y Poley, 1979). No obstante, hay que decir que a veces comportan una serie de dificultades  metodológicas (muestreo, técnicas...) y ciertas contradicciones entre unos estudios y otros. Así, los de corte transversal señalan un declive precoz en el campo mental, que puede comenzar partir de los treinta años, (bastante general y bastante universal) mientras que los estudios longitudinales han mostrado un cierto aumento de bien ningún cambio en el rendimiento intelectual) hasta la edad de los cincuenta o, incluso, sesenta años.
Hay que decir, que a pesar de que existe un proceso de envejecimiento de carácter personal y que existen  diferencias individuales, no se puede obviar que en la etapa de la vejez se da un cierto declive más o menos patente de las fuerzas expansivas, una vez que ha culminado el proceso evolutivo de las etapas anteriores; Aunque, en la mayoría de los casos, aquellas (continúan impulsando hacia adelante el desarrollo vital, se tiende a equilibrar con la conservación en unos casos o bien aparecen ya cienos trastornos y, algunas veces, graves).
En esta última etapa de la vida, no solamente se tiene que sobrellevar el bagaje experiencial y cierto desgaste de las etapas anteriores, sino también enfrentarse y resolver los problemas que plantea la vejez a distintos niveles
No obstante, cada anciano tiene patrones de ajuste personales. No sólo ha de mantener las pautas de conducta anteriores para adaptarse a los cambios que se presentan, sino que ha de crear nuevas formas de comportamiento y nuevos proyectos de vida.
Señalamos que en la actualidad se ha despertado gran interés por esta etapa de la vida y por las causas que producen el envejecimiento. Destacan la gran cantidad de estudios e investigaciones, planteamientos de nuevas hipótesis y modelos, programas de intervención psicológica y médica, revisión de los trabajos científicos en este campo y, sobre todo, la aportación de serias críticas a la metodología utilizada en los modelos denominados deficitarios. Una idea muy extendida, desde hace mucho tiempo, es considerar la ancianidad como algo negativo, dónde progresivamente se va perdiendo todo lo bueno que se fue consiguiendo en los años anteriores, convirtiendo los últimos años de la vida en una etapa cada vez más larga y penosa. Este estereotipo social se ha fundamentado en algunos datos observados,  como pueden ser el entendimiento y torpeza motora, déficits intelectuales, pérdida de memoria, de salud, etc. Aunque, eso pueda reflejar cierta realidad, ni es tan general, ni es tan universal (Forteza, 1972). No obstante, cuando tratamos la vejez, tenemos que hablar tanto de los aspectos positivos como de los aspectos negativos, es decir tanto de los procesos de desarrollo como de los procesos de envejecimiento y de los cambios que tienen lugar en los últimos años de la vida.
Esta etapa implica, por parte de los ancianos, no sólo la adaptación a los cambios biológicos y psicológicos sino también, el ajuste y reorientación a nuevas situaciones. Por eso, un buen ajuste en esta edad conlleva un desenvolvimiento vital armónico; por el contrario, la falta de adaptación lleva a la senilidad, al deterioro y a la integración de la personalidad global del individuo. Además, a más edad, mayor número de variables a las que debe responden salud, jubilación, aspectos familiares economicos,... Tienen  que adaptarse personal y ambientalmente a los determinantes de esta nueva etapa definida, con las que posiblemente no se había enfrentado hasta este momento.
Podemos decir que en general se han cometido muchos fallos de diversa índole a la hora de abordar esta etapa del ciclo vital. Uno de ellos, es haberse fijado demasiado en los aspectos negativos - envejecimiento patológico- que pueden a aparecer en esta edad. Sabemos que se dan alteraciones a nivel biológico y comportamental, pero sólo en algunos casos. No se trata, pues, de deterioro general y universal.
Otro defecto, es haber obtenido los resultados y conclusiones a través de muestras poco representativas de la población de edad avanzada. Tal es el caso de los estudios realizados con personas que vivían en instituciones y residencias, dado que en tiempos pasados se ha considerado como un grupo especial.
Si las primeras investigaciones trataron de descubrir las relaciones existentes entre la edad y los cambios observados en la tercera edad, hoy en día las ciencias gerontológica, (psicología y psiquiatría) destacan la importancia del estudio del proceso de envejecimiento y la perspectiva  de los cambios biológicos y psicológicos que acontecen en esta etapa de la vida, con objeto, por una parte, de poner de relieve su complejidad y esclarecer los diversos factores que influyen en él y por otra, reducir los efectos de la vejez, y de introducir planes de intervención que ayuden a los ancianos en la tarea de vencer los obstáculos y resolver los conflictos que plantea la adaptación a esos cambios, dentro de su ambiente familiar, profesional y cultural.

7. 2. Cambios en  la  vejez

Esta etapa implica, sin duda, ciertos cambios a nivel biológico y, en consecuencia, a nivel psicológico, lo cual llevaría a una cierta reorganización cognitiva y comportamental. Esas nuevas transformaciones aparecidas en el organismo y en el comportamiento del anciano no deben suponer un deterioro, sino un cambio y una adaptación.
Parece evidente que en algunos aspectos, apenas, hay cambios ni declives, pero, en algunos casos sí son evidentes ciertas manifestaciones  de deterioro en los sistemas: auditivo, visual, perceptivo,..). Así, en el campo de la memoria, parece ser que los sujetos de edad avanzada muestran mayores dificultades en la capacidad de adquisición de la memoria a largo plazo, así como en su recuperación, aunque dependerá de la estructuración del material, de los posible componentes afectivo y emocionales o de la cantidad de información que se proporciona para la recuperación de la misma. Por el contrario, no se aprecian diferencias significativas con relación a otros grupos de edad en memoria a corto plazo.
Las pérdidas más acentuadas se producen en las tareas que suponen interferencias con los hábitos adquiridos - transferencia negativa en los aprendizajes por asociaciones o de materiales presentados con rapidez. Una vez que los sujetos de edad avanzada han aprendido las tareas, no existen diferencias en la extinción de las respuestas al compararlos con grupos de sujetos jóvenes y adultos.
Por otro lado, se ha podido observar que las personas de la tercera edad no se sienten motivadas por las tareas ficticias de aprendizaje, además, la capacidad de aprendizaje experimenta una reestructuración en el transcurso de la vida y que es más susceptible de perturbaciones.
En cuanto al rendimiento en actividades, lo que más afecta no es la forma de hacerlos, sino los tiempos. rígidos en la ejecución.
Muchos estudios sobre la personalidad del anciano presentan ciertos fallos metodológicos, y son poco concluyentes, pero a pesar de ello, podemos señalar que los aspectos biográficos y sociales ejercen una influencia mucho más decisiva que la edad cronológica respecto a la modificación de la estructura de la personalidad y que los cambios observados no surgen tanto como consecuencia necesaria del proceso biológico de envejecimiento, sino más bien, de la situación global en que el anciano se encuentra y de la relación frente a dicha situación.
Hay autores que hacen más hincapié en los cambios de la estructura de los rasgos de la personalidad que en el deterioro de la misma. Por el contrario, otros autores apuntan a un descenso de la actividad general de la sociabilidad, tendencia a la soledad y a la depresión, cambios de ánimo, pérdida de la autoestima, etc.
La mayoría de los estudios apuntan a que los cambios hacen referencia al carácter de los motivos, más que a su intensidad.
Por último, podemos decir acerca de la problemática del envejecimiento en la última etapa del ciclo vital que más que hablar de un deterioro general de las características psíquicas y mentales, ligadas directamente a la edad, ha de hablarse de una gran variedad interindividual e intraindividual que depende de otras variables personales y circunstanciales, tales como el estado de salud, aspectos biográficos, formación escolar y profesional, influencias de la época, situación económica, etc.., y que, aunque efectivamente acontecen cambios, es más lo que permanece de las capacidades y personalidad que lo que se transforma o cambia.

7. 3. Problemática  social  en  la  vejez

Debido al aumento de años de vida, el porcentaje de ancianos constituye, sin duda, una carga económica que pesa sobre los países desarrollados. Ello conlleva para estas personas, no sólo tener que enfrentarse a los cambios biológicos y psicológicos propios de esta etapa, sino también a los problemas económicos y acontecimientos sociales.
 Desde la perspectiva social, las personas de edad más avanzada se tienen que enfrentar con una serie de hechos y situaciones -familiares, profesionales, sociales y económicas - que van a influir directamente en su vida y, a la postre, determinar su proceso de adaptación. Por encima, nuestra sociedad, eminentemente competitiva, subestima a las personas mayores, relegándolas a la categoría de grupo marginado por razón de su edad. El alejamiento de la vida profesional y la adopción del rol del jubilado (fenómeno típico de las sociedades industriales y que entienden las productividad como eficacia) conlleva en muchos casos la pérdida de categoría en el contexto y extensión de funciones o de actividad, y a la insuficiencia económica y, sin duda, contribuyen a disminuir los sentimientos de valía y autoestima de la persona de edad avanzada.
Si en otros tiempos representaba un valor para la familia y para la sociedad, hoy, por el contrario, abundan casos de rechazo por parte de una y de otra. El anciano, por si fuesen pocos los problemas que la sociedad le ofrece, ve agravada su situación con los problemas propios de la estructura familiar actual: cambios de roles, problemas generacionales, muertes de familiares próximos, ingreso en una residencia, aislamiento, abandono, etc.,...
Por otro lado, se había pensado que el anciano sufría una auténtica crisis de identidad, pero las investigaciones demuestran que se trata más bien de un sentimiento de inferioridad y de rechazo, que esta sociedad le impone y acentúa su propia familia, que de una falta de autoidentidad.
Por eso, actualmente interesa, por una parte, estudiar la actitud de expectativa respecto de la próxima jubilación del individuo,  además de facilitar una concepción del estatus de retiro y la adaptación a la separación de la actividad profesional y, por otra, llevar a cabo programas de intervención en favor  de  un  mejor desenvolvimiento de la persona durante la vejez.

7. 4.  Vejez  y  calidad  de  vida  en las  grandes ciudades

No cabe duda que la gran ciudad constituye un contexto estresante para muchos habitantes, en especial, los que tienen que desarrollar en ella sus actividades día a día y lo es sobre todo para ciertos grupos de la población, como son los niños y los ancianos. Son diversas las formas y maneras con que la ciudad afecta e influye en los viejos. Como hemos visto, el hábitat urbano condiciona y limita notoriamente las posibilidades vitales. Son muchas las características que se podrían considerar como causa de estas limitaciones y agresiones, las cuáles van a ser determinantes, en muchos casos, de alteraciones psicosomáticas y psicológicas de muy diversa índole en el ciudadano y en concreto en los viejos. Inciden en la vida de los mayores, en primer lugar, nos referiremos a los lugares de residencia de los ancianos. En muchos casos, sus viviendas son estrechas, pequeñas e inadecuadas para el desenvolvimiento diario. Las calles son incómodas y las calzadas están abarrotadas de vehículos aparcados o en circulación, no siendo, como antaño, lugares de paseo y de relación con los demás; convirtiéndose, por otra parte, en peligrosas y ruidosas. Para poder desplazarse, de un lugar a otro, requerirán del uso de los transpones -en la mayoría del transpone público- dónde sufrirán las largas esperas y los apelotonamientos de otros usuarios. Todo ello, conlleva una cierta limitación de su espacio vital, de movilidad y de desplazamiento.
En segundo lugar, nos referimos a la polución atmosférica y a las ruidos de las ciudades La contaminación y los ruidos se convierten en peligrosos en especial, para la salud del anciano, por  su frecuencia y densidad dando lugar a estados de irritabilidad malhumor cefaleas, cansancio, tensión, catarros, etc.
En tercer lugar, nos referimos a los contextos urbanos. Por una parte, el estilo de vida, el ajetreo, la densidad urbana, el anonimato, la masificación, etc., conllevan el deterioro de la convivencia, la despersonalización de las relaciones y descensos de contactos personales y  situaciones de soledad.
Por otra parte, en las grandes ciudades la presencia de un cierto desorden, desorganización social y/o urbanista, inseguridad ciudadana, etc, conllevan conductas insolidarias e incluso de violencia,desconfianza,reserva,distanciamiento..., mermando la calidad de vida y bienestar psicológico y social.
Terminaremos diciendo que no son todos aspectos negativos lo que lela gran ciudad ofrece la vejez. Al contrario, existen mayores posibilidades de contactos sociales a través de centros de la tercera edad, viajes, excursiones organizadas, (aunque estos tipos de contactos dependerán en gran manera de las características del anciano, de su salud, de sus ocupaciones,...), de atención sanitaria (a pesar de las quejas) y de atención social.
Nosotros, en esta línea, hemos estudiado la calidad de vida, stress y tercera edad (Mielgo y Fdez. Seara,1992), cuyos objetivos eran conocer la incidencia de los agentes urbanos y acontecimientos estresantes a lo largo del ciclo vital del anciano, analizar la calidad de vida de los ancianos en contextos urbanos y ver su influencia en su salud y bienestar psicológico y ver el papel de ciertas variables mediacionales de los viejos (estrategias de afrontamiento, apoyos sociales, salud psíquica,...) que determinan las respuestas al stress.
Para ello, hemos utilizado tres grupos diferentes de ancianos atendiendo a tres condiciones y contextos de convivencia y de relación: residencias de ancianos, en familia y en situación de soledad.



7. 5. Trastornos  del  estrés  en la  vejez

En esta etapa de la vida la vejez- no debemos confundir los efectos y repercusiones del stress a lo largo del ciclo vital del individuo con ciertos síntomas o manifestaciones propias del proceso de envejecimiento del sujeto. Pero, esto no resulta fácil, dado que no existen agentes causantes de la enfermedad que sean controlados de manen total, así como tampoco se podría decir que sus efectos sobre el organismo resultan de una insuficiente adaptación. No obstante, son muchos los síntomas que el stress puede causar en las personas mayores.
El stress,  puede causar o agravar las manifestaciones cardíacas en esta etapa de la vida, en especial la hipertensión arterial, el ritmo cardiaco (taquicardias, arritmias,...), desembocando a veces en enfermedades coronarias (infartos, insuficiencias cardíacas, etc,..).
Pueden aparecer o acentuarse los trastornos digestivos y alimentarios.  Estados  emocionales  alertes  pueden  causar trastornos digestivos e intestinales, pero, esto dependerá de las diferencias individuales y de la predisposición a las ulceraciones. Pueden aparecer infecciones de diversa índole en el anciano, debido a la menor resistencia del sistema inmunológico. Así, en las grandes urbes se puede constatar que proliferan las afecciones dermatológicas (alergias, soriasis, alopecias, eczemas, etc,). También, tienen gran presencia en gente mayor, la artritis y las enfermedades reumáticas.
Por otra parte, son muchos y diversos los trastornos y alteraciones psicológicos que los sujetos de edad avanzada pueden manifestar. Entre ellos destacamos los afectivos y emocionales (ansiedad, irritabilidad, tensión emocional,...), los cognitivos (demencias, desorganización cognitiva, pérdida de concentración,..), trastornos de personalidad (desajustes, depresiones,...), etc,...




RESUMEN


Como hemos visto, la vejez es una etapa de desarrollo y de cambio. El individuo sufre un conjunto de transformaciones muy importantes a las que ha de ir progresivamente adaptándose. Pero, considerar la vejez como el punto final de todos los cambios que acontecen a lo largo de la vida del individuo es una visión bastante estereotipada y simplista del ciclo vital humano.
Efectivamente, parece que se da un cierto declive debido al deterioro (biológico) que producen los años, pero los descensos son mucho menores de lo que solía afirmarse y varía según sujetos y variables analizadas.
Incluso, algunos autores apoyan la tesis de que apenas se da descenso y que puede hablarse, en muchos casos, de ciertos incrementos. Así, por ejemplo, la afirmación general de un déficit de las capacidades mentales con el aumento de la edad, debe rectificarse a la luz de los estudios longitudinales y secuenciales, puesto que permiten distinguir los efectos de la variable edad y su interacción con otras variables.
En aquellos casos en que se experimentan modificaciones, parece que dependen más de otras variables (salud, entrenamiento profesional, entorno estimular, experiencia, etc.) que de la propia edad. Quizá el hecho más claro en tomo a esta etapa del ciclo vital sea la gran variabilidad interindividual y la gran capacidad de adaptación. Por tanto, durante la vejez no sólo declinan determinadas capacidades del individuo, sino que también se originan otras nuevas.
Por otra parte, existen ciertas influencias compuestas por determinantes biológicos y ambientales que no acontecen en la vida de todos los individuos o que si lo hacen, no siguen unas secuencias invariantes. Entre estos acontecimientos se encuentran, por  ejemplo,  períodos  de  desempleo,  enfermedades, acontecimientos  vitales  o  familiares,  etc.  Así  pues,  el envejecimiento no sólo depende de los cambios fisiológicos y biológicos que se producen en el individuo y de los cambios sensoriales, motores y cognitivos, sino también de factores que vienen definidos socialmente. En consecuencia, el envejecimiento ha de ser examinando en el contexto de aquellos acontecimientos que se definen socialmente, y que toman su significado en referencia a la ubicación del individuo en una estructura social más    amplia.





CAPÍTULO  OCTAVO


ESTRES  URBANO  Y  SALUD

8 .1. Hábitats  y  contextos  urbanos

Hoy nadie duda en afirmar, que el comportamiento humano está altamente determinado por las condiciones ambientales  del  entorno,  variables  físicas,  hábitat, situaciones sociales,... De ahí, la gran importancia de la Psicología ambiental o ecológica en la actualidad (Barker 1969). Por tanto, nuestro objetivo va a ser ahora examinar en qué medida y cómo esas variables ecológicas (urbanas condicionan los fenómenos psicosomáticos y psicológicos y el  stress.  Concretamente  nos  centraremos  en  las características del habitat y contexto urbano (Leví, 1975).
A pesar de que el ser humano posee una enorme capacidad de adaptación al medio, en la actualidad se exige de él un enorme esfuerzo. Así, a gran ciuadad y las zonas industriales son los contextos conductuales que exigen un mayor esfuerzo de adaptación.
Ya dijimos que las grandes ciudades no sólo
han crecido urbanísticamente, sino también en concentración y densidad de población, que cada
día es mayor. Este es un fenómeno que por sus características y grado no tiene ningún parangón con el mundo rural y ciudades preindustriales. Se trata, sin duda, de una diferencia cuantitativa y cualitativa. Por eso, no es de extrañar que las estructuras adaptativas de la especie humana que todos portarnos en mayor o menor grado, se vean desbordadas por este hecho y como consecuencia tengan lugar estados conductuales sintomáticos, como ya hemos apuntado arriba.
Se puede apreciar fácilmente en los núcleos de gran congestión urbana, una despersonalización de las relaciones humanas, resultante, aparentemente paradójico, del exceso de contactos interpersonales; exceso que somete a la capacidad cognitiva a una sobrecarga funcional a la que el organismo da respuestas defensivas que ponen coto a la actitud personal en la comunicación con los otros y llevan a un refugio en el anonimato.
Así, tenemos  el fenómeno, contradictorio también en apariencia, de que las muchedumbres abarrotadas al cien por cien, se compongan en este cien por cien de soledades aisladas unas de otras.
Este aislamiento no sólo se da en situaciones de extremo apiñamiento, sino que constituye una tendencia común ya con el estilo comunicacional de gran parte de la gente: distanciamiento, desconfianza, reserva y, a la hora de la verdad, de insolidaridad,... (Milgram, 1970). Y es que la capacidad de relación humana, como la de recepción estimular, es limitada y cuando se desbordan estos limites, se ponen en contacto procedimientos defensivos.
A su vez, la estructura y las formas organizativas de la civilización urbano-industrial son las que han dotado al ser humano (sin precedentes en la historia humana) de una enorme capacidad de adaptación al ambiente, pero paradógicamente  esa  misma  estructura  y  formas organizativas son las que ha hecho a ese mismo ser humano objeto de un gran número de agresiones que limita notablemente sus posibilidades vitales.
Son muchas las características de la gran dudad que se podrían considerar como causa de esas agresiones, las cuales van a ser determinantes, en muchos casos, de alteraciones psicosomáticas y psicológicas de muy diversa índole en el ciudadano, víctima del desarrollo y civilización actual.
Todo investigador que afronte la tarea de estudiar los contextos urbanos y las repercusiones sobre las personas de la ciudad ha de determinar qué tipo de variables ecológicas son relevantes e inciden en la vida urbana.  Por lo tanto, nuestro objetivo es adentrarnos en el análisis de las condiciones en las que vive el hombre dentro de las grandes urbes.

8. 1. 1. Hábitats  urbanos

a) Entorno  físico  de las  ciudades
En primer lugar, podemos observar las gigantescas desproporciones entre la anatomía humana y la estructura urbana que es inadecuada e inapropiada, en muchos casos.
En segundo lugar, la gran urbe, limita en gran manera el desarrollo de la actividad diaria, teniendo que recurrir a mecanismos tecnológicos como: autobuses, metros, ascensores, escaleras mecánicas, etc. A su vez, estos medios, destinados en principio a aumentar la capacidad de desenvolvimiento del ser humano, le limitan, al obligarlo a depender totalmente de eventos sobre los que él no tiene control alguno buen funcionamiento, atascos, huelgas del sector,...).
Esta falta de control sobre la realidad urbana impone a los ciudadanos una actitud totalmente de acomodación en su proceso de adaptación diaria, haciendo difícil equilibrar esta acomodación (transformarse a sí mismo en función del medio) con una asimilación (transformar al medio en función de sí mismo).

b) Estructura física  de la  ciudad
La realidad urbana es para el ciudadano un estado de cosas ya hecho, inamovible y ante el que no cabe sino una postura de resignación. Además, no sólo no se puede ejercer control de ningún tipo sobre los espacios arquitectónicos y urbanísticos, sino que además, éstos no están hechos "a la medida" de los ciudadanos, teniendo que poner en juego una fatigante actividad psicológica para desenvolverse en estos espacios.
La ciudad limita la conducta del individuo y, lo hace a los dos niveles de la conducta.
En el primero, nos referimos a los obstáculos que dificultan la captación de la información necesaria y percibir aquellos estímulos que se necesita percibir. En el segundo, nos referimos a la sobrecarga informativa y estimular a la que son sometidas las capacidades cognitivas del ciudadano. La estructura urbana y el tráfico ponen barreras difíciles de sortear sin un despliegue de atención y activación psicológica, en general, que en aquellos casos tic ciudadanos que por requerimientos tic su actividad se ven sometidos durante un tiempo prolongado, pueden acarrear al sujeto una enorme fatiga, y a veces fatiga estresante.
En la gran ciudad hay serias dificultades, cuando no impedimentos, para percibir los estímulos significativos.
Simultáneamente a este hecho,  se da otro que casi puede parecer antagónico, que consiste en la imposibilidad de dejar de percibir estímulos no significativos para el individuo. Vivimos en una constante sucesión de ruidos de fondo y de ese fondos nos es fácil delimitar la percepción de la figura, para recurrir a un modelo gestaltista.
A lo largo del día el ciudadano está sometido a una sobrecarga estimular considerable, alcanzando en muchos de los casos magnitudes muy elevadas. Por un lado,  existen una serie tic estímulos ambientales que podemos denominar parásitos, es decir, no queridos por nadie pero difíciles de evitar, como los ruidos y, por otro, están aquellos queridos por el sujeto y por otros (publicidad, propaganda, radio,...). Pero, sea cual fuera la causa de su presencia, el caso es que son percibidos por nosotros como un aluvión que resulta por su magnitud y rapidez, difícil de asimilar no sólo a través de los procesos cognitivos del sujeto sino también a través de los procesos neurofisiológicos.
El problema de la sobrecarga estimular e informativa no sólo es cuestión de magnitud o de grado de intensidad con el que el organismo humano pueda percibir, codificar, almacenar, actuar sobre la información, sino también la incidencia simultánea que pueda darse en el procesamiento de la información y del significado que el sujeto le de.

c) Contaminación  atmosférica
Un segundo aspecto, que por su mera presencia y por su propia  naturaleza es amenazante para  la salud de casi prácticamente toda la población urbana. Nos referimos a los agentes contaminantes y a la polución atmosférica, que en buena parte podían ser evitadas, puesto que los contaminantes más comunes suelen ser productos de la actividad humana. lo primero que connota esa palabra es una imagen de humo saliendo de las casa y las fábricas y de los tubos de escape de los automóviles. Pero, estas imágenes, aunque sean cotidianas no dejan de ser alarmantes. Residuos que en su mayor parte no son más que resultados de una imperfecta combustión del carbono, ya sea en forma sólida o de hidrocarburos líquidos o gaseosos, que en vez de dar lugar a dióxido de carbono, su combinación con el oxígeno atmosférico se queda incompleta de Forma de monóxido de carbono que tenderá siempre a tomar oxigeno para completarse, siendo así un poderosa agente reductor.
El problema se agudiza cuando la concentración de monóxido de carbono en la atmósfera se hace elevada y no permite el conveniente aporte de oxígeno para los seres vivos. la suspensión de esos productos tóxicos en el cielo urbano son extremadamente altos y por tanto, peligrosos para la salud del ciudadano. (Así, en las ciudades de Francia anualmente se vierten en la atmósfera mas de dos millones de toneladas de gases sulfurosos). Determinar en qué medida la contaminación afecta a nuestro organismo y al comportamiento del sujeto supone una labor ardua y difícil, al estar determinada no sólo por la naturaleza química de las sustancias contaminantes, sino también por la pluralidad de factores propios del sujeto, o relacionados con él: exposición a ella, la actividad que desarrollo durante esta exposición, duración, etc.  
Hoy en día en la atmósfera de nuestras ciudades existen abundantes sustancias, óxidos de nitrógeno, hidrocarburos, ácido nítrico, fluoruros, sales de plomo y silicatos,..., que por su alta frecuencia y alta concentración afectan a la salud de sus habitantes, sobre todo ancianos. Además, algunas de estas sustancias cuyo origen puede ser diverso (calificaciones, automóviles, industrias químicas,...) pueden reaccionar entre si junto con el oxígeno y agua atmosférica dando lugar a compuestos químicos con índices de mayor peligrosidad para la salud de los ciudadanos. Por eso, la presencia de ciertas enfermedades bronquitis, catarros, cefaleas, fatiga, insomnio, irritabilidad,...) son muy frecuentes en los medios urbanos. Pero, los efectos nocivos de algunas determinadas sustancias suspendidas en la atmósfera no se evidencian  hasta pasado  un  tiempo.  Sólo en  caso  de concentraciones súbitas, repentinas, mucho más elevadas de lo normal, tienen lugar efectos perniciosos para los habitantes de dicho espacio urbano. Esto puede suceder por la salida o escape de tales sustancias a la atmósfera (es el caso de Seveso) o bien porque las condiciones atmosféricas no den lugar a la normal renovación del aire por su ubicación (desembocaduras de ríos, valles,...). En tales zonas, la acción de los vientos, tan mitigadora de la polución atmosférica, se encuentra muy obstaculizada (Madrid, Bilbao, Londres,...).
De ahí, la necesidad de desarrollar, o en su defecto, emprender campañas serias de defender nuestro medio ambiente, a través de los procedimientos más adecuados. Cuando se habla de la polución atmosférica se piensa generalmente en la concentración química, no obstante, hay otras formas de contaminación urbana. Entre ellas señalaremos la contaminación estimular (ruidos, olores,) y la bacteriológica (deshechos) de las aguas.
Generalmente, en la gran urbe estarnos sometidos diariamente niveles de mido ambiente que requieren del ciudadano un gran esfuerzo, superando a veces los limites sonoros considerados como aceptables para el ser humano.
Hay un amplio margen de subjetividad en la percepción de ruidos. Así, tenemos que el mismo sonido para una persona resultaría insoportable, ruidoso, y para otras placentero. (Por ejemplo, cierto estilos de música como el rock, son anheladas por muchos jóvenes, mientras que para algunos mayores resultan insoportables y ruidosos). Junto con este amplio margen de subjetividad se pueden dejar por sentados unos umbrales máximos de tolerancia acústica. El ruido ambiente en la gran ciudad tiene muchos y muy variados orígenes, desde procesos industriales continuos (centros de trabajo, sobre todo el sector metalúrgico,...), sucesos espontáneos de corta duración (calles con alta densidad de tráfico, zonas cercanas a las vías del tren, aeropuertos,...) y, en general, de la propia actividad urbana. Entre todos esos ruidos destacan el ruido del tráfico, tanto por su nivel, como por su extensión  o duración.
El ruido ambiental, está dominado por el mido de numerosos vehículos de muy distintos tipos, en continuo movimiento. Además, los edificios en las zonas urbanas no son más que grandes barreras que a la vez reflejan el mido de nuevo hacia la calzada, y por eso se crea un espacio semirreverberante entre los edificios, sobre todo si la separación entre ellos es muy grande.
Por esto, no es de extrañar que en las grandes ciudades actuales, alrededor de un veinte por ciento de la población tenga sus capacidades auditivas mermadas.
A parte de las lesiones que pueden ocasionar en el oído interno, los ruidos urbanos dan lugar a un elevado número de molestias: cefaleas, irritabilidad, ansiedad, nauseas, tensión, cansancio,... interfieren la concentración, el aprendizaje, la comunicación interpersonal, perturban el sueño y la relajación.
Hay otro factor determinante del ruido, y es que sea, un sonido molesto e impredecible.

d) Informaciones  y  medios de comunicación
Aunque este aspecto está ligado al desarrollo moderno de las sociedades de hoy, lo incluimos también, dentro de la problemática sobre las grandes urbes. Junto a esa maravillosa atracción de estímulos que nos ofrecen las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, París, Roma,..) hay que destacar la lluvia de informaciones a través de los diversos medios: publicidad, radio, TV,..) que nos son significativos.
Como es lógico, todas estas informaciones que el sujeto recibe son una parte del conjunto de las estimulaciones que a él llegan directamente. Este fenómeno tiene una consecuencia positiva y lógica: el que los ciudadanos de hoy estemos mucho mas informados que nunca, de todo acontecer mundial.
También tiene su polo negativo: el bombardeo constante, la avalancha informativa que nos llega, todas las informaciones ya hechas y sin posibilidad de darles respuesta, así, una vez más, el equilibrio adaptativo asimilacion-acomodación vemos que ha quedado vulnerado; el cambio rápido de información, informaciones limitadas de hechos no terminados y además se nos ofrece una realidad en función del futuro,... (mañana,...) y de la lejanía (todo el mundo,...).
Teniendo en cuenta que la capacidad del sujeto de procesar, es decir, de recibir, codificar y almacenar información es limitada (el saber sí ocupa lugar), sabemos que, en la mayoría de los casos, el aluvión de información recibida al día desborda esta capacidad. Esto puede producir en el individuo ansiedad por el afán de procesar todo lo que a él llega. Para dar lugar a más informaciones se han de olvidar las precedentes menos significativas. Una vez olvidadas éstas y recibidas otras nuevas, hay que recibir todavía más, se olvidarán las más recientes y así sucesivamente. Esta dinámica de olvidar para registrar, condiciona una tendencia al mantenimiento limitado de las informaciones en la memoria.
Por eso, muchos acontecimientos a veces sin demasiada trascendencia, se convierten en un boom informativo para hoy, dejando de serlo al día siguiente.
Vemos de esta forma, cómo la sobrecarga estimular e informativa da lugar a posibles disfunciones psicológicas, muchas veces psicopatológicas.
La incidencia que la gran ciudad puede tener en el sujeto no se limita a la sobrecarga estimular. Hay otras, y algunas de ellas son vividas por el hombre urbano con mayor conciencia de alarma: las prisas que impone la vida, el ritmo, las distancias y las aglomeraciones humanas en las que hay que estar inmerso dentro de una gran ciudad (metro, autobús, bares, centros comerciales, entradas a los cines,...).

e) Aglomeraciones  urbanas
Como decíamos, el vivir en una gran ciudad y, en consecuencia, el tener que desarrollar ahí las actividades habituales de todos los días, obliga a muchas personas a tener que verse inmersas en medio de grandes masas humanas que por su numero y densidad generan en las personas que las componen múltiples efectos negativos.
Ya dijimos que las grandes ciudades no solo han crecido urbanísticamente, sino también en concentración y densidad de población, que cada día es mayor.
Este es un fenómeno que por sus características y grado no tiene ningún parangón con el mundo rural y ciudades preindustriales. Se trata, sin duda, de una diferencia cuantitativa y cualitativa. Por eso, no es de extrañar que las estructuras adaptativas de la especie humana que todos portamos en mayor o menor grado, se vean desbordadas por este hecho y como consecuencia tengan lugar estados conductuales sintomáticos, como ya hemos apuntado arriba.
Se puede apreciar fácilmente en los núcleos de gran congestión urbana, una despersonalización de las relaciones humanas resultante, aparentemente paradójico, del exceso de contactos interpersonales; exceso que somete a la capacidad cognitiva a una sobrecarga funcional a la que el organismo da respuestas defensivas que ponen coto a la actitud personal en la comunicación con los otros y llevan a un refugio en el anonimato. Así, tenemos el fenómeno contradictorio, también en apariencia, de que las muchedumbres abarrotadas al cien por cien se compongan en este cien por cien de soledades aisladas unas de otras.
Este aislamiento no sólo se da en situaciones de extremo apiñamiento, sino que constituye una tendencia común ya con el estilo comunicacional de gran parte de la gente: distanciamiento, desconfianza, reserva y, a la hora de la verdad, de insolidaridad,... (Milgram, 1970). Y es que la capacidad de relación humana, como la de recepción estimular, es limitada y cuando se desbordan estos límites, se ponen en contacto procedimientos defensivos. Se da un descenso en la duración de los contactos personales, desestimación de los contactos que no resulten significativos, es decir, no apreciar a la persona con la que se ha entablado contacto en cuanto tal, sino en cuanto al estatus o rol social que desempeña, establecimiento de filtros para evitarlos contactos que no resulten significativos y necesarios con determinadas personas.
Son muchas, como vemos, las estrategias defensivas empleadas en esta dirección. Algunas de estas estrategias se han institucionalizado como norma no sólo fáctica y tácita, sino oficial. Sin duda, podemos afirmar, sin teme a equivocarnos, que la excesiva congestión humana propia de los contextos urbanos actuales resulta en cierta medida estresante. Parece, además, demostrado que la densidad de población crea violencia y que sus causas pueden ser muchas proxemia, anonimato,..).
Consideramos la masificación como un proceso de deterioro de la estructura de la convivencia en el que se facilita de un modo efectivo la aparición de los síndromes propios de la vida urbana. Pero, este deterioro de la estructura de la convivencia, no afectará por igual a todos los ciudadanos de la masificada ciudad actual; el auge urbanista de las últimas décadas ya ha tenido sus "víctimas predilectas" en las que se ha dado lugar a un mayor porcentaje de secuelas patógenas.

f) Ritmo  de  vida  urbana
Por otra parte, ya hemos apuntado, que el crecimiento vertiginoso forma parte de la progresiva aceleración que a todos los niveles está teniendo lugar en nuestra civilización. Este fenómeno es lo que denominamos progreso, y como tal, ha supuesto la superación del estado de cosas que caracterizaban a las sociedades anteriores. El progreso sólo tiene lugar cuando nos desvinculamos de los lastres del pasado y, cuando así lo hacemos, abandonamos siempre facetas positivas de nosotros mismos.
El problema lo tenemos cuando vemos que este progreso se ha acelerado tanto, que habiendo perdido los aspectos del pasado, no se han asimilado todavía los del presente y estando muchos de ellos sentenciados a muerte, ya antes de ser asimilados debido al ritmo de la historia humana.     
 Efectivamente, la historia se ha acelerado y cada sucesivo avance se convierte "ipso facto” en causa de avances todavía mayores. Y la gran ciudad es sin duda el "epicentro" de este progreso. El ritmo de la vida en las grandes ciudades amenaza con sobrepasar la capacidad de adaptación humana, y es que esta capacidad es limitada. Cuando los efectos a los que tenemos que hacer frente, se suceden a una velocidad vertiginosa, los recursos autodefensivos del organismo quedan desbordados. Y esto es lo que tiene lugar en las grandes ciudades, las cuales están regidas bajo el dictado de las prisas:  "hay que llegar...", "no hay tiempo...", "no se puede llegar tarde",... Son consignas que marcan el pulso diario de los ciudadanos. El ajetreo en el que vivimos y la agitación lleva consigo el que el hombre urbano tenga que hacer frente a una enorme pluralidad de cambios. La velocidad a la que hay que vivir en la gran ciudad es vertiginosa. Las grandes distancias dentro de estas ciudades hacen que los desplazamientos sean prolongados. Además, la concurrencia de horarios comerciales y laborales da pie, en las "horas punta", a la aglomeración de transeúntes y vehículos en las vías públicas, haciéndolas en esos momentos, precisamente los más urgentes, intransitables por          completo.
Por otro lado, la necesidad de trasladarse a grandes distancias se ha incrementado, dada la tendencia urbanística generalizada actualmente encaminada a alejar los centros residenciales (ciudades dormitorio, chalets, urbanizaciones,...) de los laborales (comercios, industrias, oficinas,...). Entonces, vemos aquí que el problema no es sólo de "estructura metropolitana, sino de organización social". Además, cuando cl ajetreo ciudadano intenta buscar descanso, lo tiene que hacer en zonas residenciales y/o turísticas alejadas de la gran ciudad, lo cuál, en muchos de los casos implica tener que sumarse al ajetreo de otro traslado masivo (ciudades dormitorio, zonas residenciales, chalets,..).
Quienes viven en unas condiciones tales -que son muchos-tienden con el tiempo a "impregnarse" ellos mismos en su habitual ritmo vital de este acelerado ritmo de vida; es decir, acaba por hacerse contagioso y crónico, llegando al caso de que estos sujetos quieren descansar y relajarse y ya no pueden hacer tal cosa.  Cuando el organismo se encuentra habitualmente desbordado por tener que adaptarse a cambios situacionales tan seguidos, ya no puede volver a su cauce, porque la sucesión de cambios situacionales es tan rápida que desborda sus posibilidades adaptativas. El resultado de todo esto es ambiguo, por un lado, se desarrolla una considerable capacidad de respuesta a las más diversas situaciones que la vida plantea, pero al mismo tiempo, si se ha exigido al individuo una renovación de sus esquemas conductuales demasiado rápida, se generara en el un estado de ansiedad que perpetuado devendrá en estados psicopatológicos del estrés.

8. 1. 2. Contexto  social

El marco social urbano presenta, muchas veces, cierta sensación de anomia y de desorganización que puede legitimizar ciertas actitudes insolidarias e incluso hostiles con los demás ciudadanos. Presenta cierto estado de carencia de valores haciendo aparecer nuevas subculturas (así destacamos la afiliación de jóvenes a grupos sectarios fuertemente cohesionados en torno a un ideario político o religioso, fanático y extremo) o la inversión de valores éticos.
Por otra parte, está el pragmatismo imperante en nuestros días. No es de extrañar el culto, hoy día vigente, que muchas personas profesan por la tecnología que nos permite intervenir en la realidad con el máximo beneficio y el mínimo gasto, pero también, con el mínimo despliegue de posibilidades de adaptación. Además, en la gran ciudad dónde, quiérase o no, somos elementos anónimos sin valor alguno para la mayoría y las relaciones interpersonales son cada vez menos significativas, se tiende a tener muchos conocidos, pero cada vez menos amigos. No sólo las relaciones de amistad se han visto trastocadas en la gran ciudad, sino también las amorosas y las familiares. Estas relaciones se han reducido al núcleo limitado de los padres e hijos deshaciéndose la red social que en los medios rurales suponía la familia en el sentido más amplio (abuelos, tíos, primos,...) y dentro del estrecho núcleo de la familia que convive en la vivienda, en muchos casos la TV ha devorado las pocas posibilidades de comunicación interpersonal que los horarios laborales y escolares nos permiten.
Finalizaremos esta revisión acerca de los condicionamientos conductuales que sobre las personas tiene el contexto urbano actual, diciendo que vivimos una situación sin precedentes en la historia humana y dicha situación puede determinar ciertas alteraciones psicosomáticas y comportamentales.  Somos, en definitiva, "víctimas de la jungla del asfalto".      

8. 2. Estudio  empírico  sobre  el  estrés 
        urbano
        La finalidad de este estudio ha sido conocer la naturaleza del stress, sus características y el modo de influir en el organismo y en el comportamiento, y al mismo tiempo evaluar sus efectos en los automovilistas profesionales de la gran ciudad Creemos que el análisis que hemos ofrecido a nivel teórico a lo largo del libro ha servido de punto de referencia para este estudio experimental que hemos llevado a cabo. La preocupación central de la investigación, ha sido analizar las interrelaciones funcionales entre los agentes y acontecimientos estresantes de la gran ciudad, los procesos fisiológicos y psicológicos del sujeto y su conducta.
Para ello, hemos llevado a cabo un programa de investigación secuencial que ha permitido verificar las hipótesis derivadas del modelo expuesto anteriormente.
Como hipótesis hemos propuesto las siguientes:
Primera: Creemos que a medida que aumenta el nivel de stress, afectará significativamente  a ciertas  funciones  fisiológicas: Aumento del ritmo cardiaco y respiratorio, de los valores de tensión arterial, mayor dilatación o volumen de las pupilas y descenso del peso del cuerpo.
  Hemos hecho, predicciones de que todos estos valores serán estadísticamente  significativos  para  el grupo  que  hemos denominado estresado.
Segunda: Se predice que a medida que avanzan las horas de trabajo en la gran ciudad y el número de jornadas, los efectos sobre el rendimiento psicofisiológico serán mayores (cambios significativos sobre el potencial electrodérmico de la piel, mayor número de errores y mayor tiempo de latencia en los tiempos de reacción, descenso en los niveles de atención y vigilancia en los niveles de procesamiento) sobre todo para el grupo de estresados.
Tercera: Partimos de que los sujetos que puntuaban más alto en la variable neuroticismo (en cuanto que está relacionada con la actividad autónoma) exhibirían niveles más elevados de stress medido a través de ciertos índices: conductancia de la piel, frecuencia cardíaca, ansiedad,... que los sujetos calificados como más estables emocionalmente.
 Cuarta: Creemos que la dimensión extroversión-introversión puede especificar diferencias individuales en los distintos niveles de stress.
 Con la finalidad de someter a verificación las hipótesis del modelo expuesto en páginas anteriores, se ha considerado que la mejor metodologia de investigación era de tipo secuencial. A través de ella, se ha ido sometiendo a prueba progresivamente los diferentes postulados expresados en las hipótesis.
Nosotros hemos centrado nuestro estudio y observación en los profesionales del volante que ejerce su actividad en la gran ciudad. De todos es conocido que su vida transcurre en una condiciones que de alguna manera favorecen el estrés.
Para ello se eligieron 53 sujetos en base a unos criterios (edad comprendida entre los 23-50 años, más de un año de experiencia en la conducción de vehículos públicos, no haber cometido o sufrido  accidentes  graves  y  no  poseer  enfermedades cardiovasculares) a los que se les sometió a una serie de pruebas de tipo fisiológico y psicológico. A partir de los datos, una vez analizados los perfiles de los resultados mediante el procedimiento de los jueces, hemos seleccionado a los sujetos situados en los extremos de las distribuciones asignándoles a dos grupos que hemos denominado:
Grupo I:  Formado por sujetos con alta tendencia al stress.
Grupo II: Individuos con perfiles poco destacados en la medida de stress.

Las diferencias individuales entre los dos grupos se apoyan los distintos parámetros que hemos elegido para definir la variable stress: tasa cardíaca (TC), presión sanguinea (TA), ritmo respiratorio (FR), volumen de la pupila (DP), actividad electrodermal de la piel (EDA), acidez de la orina (pH), niveles atencionales y de vigilancia (A), tiempos de reacción (TR), niveles de ansiedad(A), tendencia neurótica (N) y psicótica (P).
 Estas once variables han sido objeto de estudio para elaborar el perfil colectivo y personal de stress en el momento de la selección.
 Para elegir a los sujetos considerados estresados se fijó el orden de preferencia siguiente en los puntuajes obtenidos en cada variable: TC, TA, pH, A, EDA, y TR.
 Hay que decir que los sujetos elegidos para el grupo de estresados puntuaron alto al menos en cinco de los siete primeros y en ocho del total de los registros considerados como relevantes para la medida del stress. Más tarde, por razones de tipo económico y de experimentación, se redujo cada grupo a 16 sujetos.
La atenta consideración de los resultados nos ha permitido establecer las siguientes conclusiones del estudio empírico:
Son los sujetos con mayor tendencia al stress los que tienen una mayor tasa de ritmo cardíaco, respiratorio, dilatación de las pupilas, variación de los índices de tensión arterial y mayor descenso del peso del cuerpo,..., que los clasificados como "no estresados". Estos incrementos de niveles diferenciales se mantienen con el transcurso de horas y jornadas.  A medida que aumenta el nivel de stress son mayores los efectos sobre los sistemas básicos del organismo y sobre los rendimientos electrodérmicos de la piel, tiempo de reacción, niveles de atención y vigilancia.
Se constatan, también, efectos negativos del stress sobre el rendimiento y eficacia cognitiva y diferencias en niveles de procesamiento de información en todos los sujetos, pero en especial, en el grupo de estresados.
Los sujetos con mayores índices de neuroticismo y extroversión exhiben mayores niveles de estrés: tasa cardíaca, ritmo cardíaco,...
Además, vamos exponer una serie de conclusiones generales sobre el stress:

- A nivel de sujetos
Existen diferencias intrasujeto en la reacción al stress dependiendo del tipo que se trate: psicoemocional o físico.
 Si se trata de stress psicoemocional, se constata un nivel de secreción diferente de adrenalina y noradrenalina: la adrenalína se triplica y la noradrenalina se duplica. Si se trata de un stress físico, aumenta moderadamente la adrenalina y a noradrenalina se triplica.
 También, se constatan diferencias individuales en el tipo de activación neurológica y cronológica de las respuestas hormonales:
reacción rápida, reacción semirápida, reacción lenta.
 Existe una secreción diferencial de los corticoides (cortisol y cortisona) durante el stress. En la fase de alarma, aumenta; en la fase de resistencia, desciende y en la fase de agotamiento sube.
  La capacidad de resistencia y adaptación al estrés disminuye con la edad. Así mismo, el grado de vulnerabilidad del organismo a ciertas enfermedades aumenta con la edad. (hace referencia a la teoría del punto débil).

- Diferencias  a  nivel  de  grupos:
  Los agentes potencialmente estresantes no lo son para todos de la misma inane Cada suceso estresante incide de forma diferente en cada sujeto, dependiendo de los factores condicionantes externos y mediacionales internos.
  Se dan diferencias individuales en el umbral de estimulación óptimo y en el nivel de activación. Los sujetos parten de una activación biológica desigual (Eysenck, 1982). Cada organismo desarrolla un nivel  característico de activación en  el  que  funciona adecuadamente; diferencias individuales en resistencia, ritmo de adaptación al stress y en el grado de vulnerabilidad del organismo, dependiendo de los agentes y de las condiciones de] sujeto. En la capacidad de procesamiento de información procesos cognitivos, lo sujetos perciben y evalúan de manera idiosincrásica los estimulos potencialmente aversivos; diferencias en el uso de estrategias cognitivas de afrontamiento. La respuesta, al stress depende en manera de dos valores: valoración de mismo y del entorno  (Lazarus, 1968) y en el uso de estrategias de afrontamiento conductual o de acción; diferencias individuales en la respuesta al stress. La expresión del stress es distinta y variable para cada uno de los sujetos. También, se constatan diferencias individuales en la capacidad de recuperación basal, de lo que los individuos tardan más que otros en recuperarse. Así, los sujetos clasificados vagatónicos y simpaticotónicos presentan diferencias en reacción al stress y en recuperación del stress.
  Existen diferencias atendiendo al nivel de activación y a la capacidad de resistencia y adaptación (son menores, a medida que aumenta la edad), y en otros parámetros como: actividad electrodermal, tasa cardíaca.
  Atendiendo a la personalidad, los sujetos neuróticos reaccionan de una manera más intensa al stress, a través del sistema nervioso autónomo simpático, presentando mayor tasa cardíaca, ritmo respiratorio y tensión arterial; también tardan más en recuperar los niveles de base y muestran mayor variabilidad de respuesta. Además los sujetos introvertidos, según Eysenck, por tener mayor activación cortical  se colocaría en desventaja ante los acontecimientos externos.
  Existen       diferencias individuales consistentes en las respuestas neuroendocrinas, frente a las situaciones estresantes, en los sujetos de tipo A y E. Los sujetos de patrón de conducta tipo A presentan respuestas más intensas a las demandas ambientales y tardan más en recuperarse del stress. Se dan diferencias en la utilización de estrategia cognitivas de  afrontamiento:  atencionales  y  atribucionales y los tiempos de reacción son mayores para los sujetos de tipo A. Atendiendo al lugar de control, parece que los sujetos que utilizan estrategias de lugar  de control externo afrontan en desventaja el entorno estresante y son más vulnerables a sus efectos patógenos.
8.3. Modelo Explicativo del ESTRES

Nuestro propósito es formular las relaciones entre comportamiento y salud física y psíquica del homo urbano y su medio ambiente y completar algunos planteamientos, ya existentes, en la literatura referente a este tema del stress.
Como hemos visto anteriormente, el medio urbano se constituye en un formidable ecosistema, que tiende a conformar, sin lugar a dudas, la vida y la organización psíquica del individuo. Lo difícil es buscar, tal vez, la conexión entre los aspectos distintivos de la gran urbe con la personalidad del individuo urbano y sus conductas más típicas.
La gran ciudad por su complejidad de organización y propia estructura (sobrecarga estimular e informativa, congestión, ruidos, contaminación, ajetreo, ritmo de vida, actividad febril, prisas, falta de tiempo, deshumanización,...), exige del sujeto una gran capacidad de adaptación y resistencia (que muchas veces va más allá de los limites de sus posibilidades), afectando así a su equilibrio psíquico y salud física, y al mismo tiempo, pudiendo causar una reacción deteriorante de su bienestar psicológico.
 Desde uno de los paradigmas mas clásicos de la psicología (E-O-R) podemos decir que existe una interacción entre los niveles ecológicos (contexto urbano: hábitat, actividad, estilo de vida, situaciones,...), procesos biológicos y psicológicos) y comportamentales biológicos y conductuales). Cuando los requerimientos y demandas ambientales se convierten en situaciones de sobrecarga y conflictos duraderos (como es el caso de las condiciones que prevalecen en la vida urbana) desencadenan una serie de cambios a nivel bioquímico, neurológico y psicológico que en muchos casos van más allá de las posibilidades autorregulativas normales del individuo, dando lugar al complejo fenómeno denominado estrés, el cual implica un cuadro clínico muy amplio de trastornos biológicos, funcionales y comportamentales.
Desde el marca general de la teoría del procesamiento de la información podemos decir que el stress surge como respuesta a una sobrecarga estimular e informativa a que son sometidas las capacidades cognitivas y que difícilmente pueden procesar a distintos niveles.
No cabe duda, de que el planteamiento del estrés desde esta perspectiva cognitiva permite abordar con precisión los correlatos conductuales que hasta ahora hemos supuesto englobados en la evaluación del stress. Permite, además, estudiar la dinámica que moviliza al sujeto a utilizar estrategias diferenciales en el afrontamiento y respuesta a los acontecimientos estresantes de la vida.
Por otra parte, las demandas ambientales no son suficientes por sí mismas para dar cuenta de la variabilidad observada en la conducta. Están, sin duda, otras variables inherentes al sujeto que modulan significativamente los efectos de aquellas (procesos cognitivos, perceptivos, apoyos sociales, salud, grado de vulnerabilidad,...).
Las perspectivas más clásicas sobre el estrés atribuyen la responsabilidad a los mecanismos adaptativos del organismo sobre todo procesos neurológicos y emocionales. Pero, la observación y las constataciones empíricas han hecho que tengamos en cuenta otras variables responsables, a su vez, del estrés, como son los procesos cognitivos.
No obstante, resulta difícil operativizar nuestro modelo del estrés urbano, destacando que existe una serie de dificultades y problemas metodológicos para poder aislar el peso específico de los agentes y acontecimientos estresantes del medio urbano, y en qué modo afectan estos al comportamiento humano, no obstante, hemos intentado poner en práctica nuestro modelo del estrés urbano a través de sujetos ancianos.


RESUMEN


Las ciudades -o mejor el urbanismo- han sido el acompañante del hombre desde que éste se adentró en la civilización y en la historia. Desde entonces el urbanismo ha seguido a la humanidad. Los períodos de florecimiento y de esplendor económico y cultural de las civilizaciones han llevado al auge y crecimiento de las ciudades, como tuvo lugar en el mundo clásico.
A veces las perspectivas históricas nos dan una imagen muy positiva de las "ciudades, imagen muy distinta de la que muchos ciudadanos tienen de la suya y que nosotros hemos desarrollado hasta aquí.
¿Qué ha ocurrido?. La respuesta a la aparente paradoja es obvia. No son lo mismo los primeros asentamientos urbanos, las urbes clásicas o del renacimiento, de principios de siglo, que las ciudades técnico-industriales de hoy. Hay diferencias no sólo cuantitativas, sino cualitativas. Las ciudades desde los primeros momentos de la revolución industrial, no se han recuperado del trauma que sufrieron como consecuencia de tan significativo acontecimiento. El proceso de urbanización de la humanidad es un correlato de otro proceso: el desarrollo tecnológico y organización social. Las grandes ciudades son hijas de la revolución industrial y nosotros somos hijos de esta gran ciudad industrial.
Uno de los cambios más fácilmente constatables de cuantos ha traído consigo el proceso industrial en las ciudades es cuantitativo procesos vertiginosos de urbanización. A principios del pasado siglo el porcentaje de personas que vivían en un medio urbano era de un tres por ciento, hoy ese porcentaje se eleva más allá de un setenta por ciento. Este proceso, junto con el acerbado crecimiento demográfico trae consigo unas consecuencias que son claro y serio motivo de alarma: desaparición de los espacios naturales, agresiones ecológicas, masificación,... y, en cierto modo, la alienación de los ciudadanos.
Paradógicamente, las grandes ciudades de hoy, en vez de ofrecernos una mejor calidad de vida, en muchos casos y en algunos aspectos, hacen lo contrario. Así, las viviendas limitan el espacio vital por estrechez y apilamiento y las calles ya no sirven, como antaño para desempeñar la función de lugar solaz y de convivencia; las aceras son estrechas y las calzadas están abarrotadas de vehículos aparcados o en circulación, causando una serie de inconvenientes: ruidos, humos,... Las calles, en estas condiciones, no sólo no son acogedoras para los viejos, sino que son un peligro para los niños.
El "vete a jugar a la calle” es ya una frase impronunciable para quien viva en el núcleo de una gran ciudad. Esto hace que, a veces, el campo tenga para los ciudadanos, fuertes resonancias emocionales de un mítico paraíso perdido, en el que bucólicamente uno se puede reencontrar con los cuatro elementos de los que se le priva a cada instante: sol, espacios verdes, horizontes abiertos, aire puro,... es decir, entorno natural.
Otro aspecto diferencial que hay que resaltar en las grandes ciudades es la actividad laboral y su alejamiento, en la mayoría de los casos, entre el lugar de residencia y el de trabajo.
Los que se dedican a actividades sobre todo de tipo comercial y burocráticas, suelen acudir a los núcleos urbanos, mientras otra parte de la población activa tiene que desplazarse desde su casa a centros de producción que se encuentran en las grandes áreas y polígonos industriales que están ubicados en la periferia de la ciudad.
Podemos señalar, pues, que la gran ciudad crea muchos problemas e inconvenientes y que requieren del ciudadano gran capacidad de adaptación y de afrontamiento a ella.







CAPÍTULO  NOVENO

INTERVENCIÓN  SOBRE EL  ESTRES:           AFRONTAMIENTO
PREVENCIÓN, GESTION  Y  TRATAMIENTOS

9. 1. Estrategias de  afrontamiento del estrés

Son muchas las formas y maneras que las personas tienen para defenderse del estrés y de los distintos acontecimientos estresantes.
Entre las estrategias y mecanismos de afrontamiento y de defensa (coping estrategies y coping process) destacaremos los procesos biológicos, las estrategias cognitivas, la acción, huida, escape, las estrategias sociales y los mecanismos de defensa. Podemos decir que el concepto de afrontamiento tiene gran importancia en el campo de la Psicología desde hace más de cuarenta años. Tradicionalmente, el concepto de afrontamiento ha estado relacionado con la experimentación en animales y con las teorias psicoanalíticas del ego. Actualmente, se constituye en el centro de toda una serie de terapias y programas educativos (frente al stress, técnicas de estudio, deporte,..).
Definimos el afrontamiento como el conjunto de esfuerzos cognitivos y conductuales, aprendidos y desarrollados para hacer frente a las demandas especificas externas y/o internas. Esta definición se orienta hacia un planteamiento de proceso, por cuanto se refiere a lo que el individuo realmente piensa o hace en un contexto determinado y a los cambios que se operan cuando el contexto cambia. En esta consideración de afrontamiento como proceso vamos a distinguir tres aspectos. El primero hace referencia a las observaciones y valoraciones que el individuo hace del medio estresante. El segundo hace referencia a lo que el sujeto realmente piensa de por sí mismo. Y el tercero habla de un cambio en los pensamientos y respuestas a medida que la interacción va desarrollándose.
Por tanto, el afrontamiento es un cambio en el que el sujeto, en determinados momentos, debe contar principalmente con estrategias defensivas, y en otros, con aquellas que sirven para resolver el problema a medida que va cambiando su relación con el entorno. La dinámica que caracteriza el afrontamiento como proceso es fruto del azar, los cambios acompañantes son consecuencias de las continuas evaluaciones y reevaluaciones de la cambiante relación individuo-entorno. También, se observan grandes variaciones individuales tanto en la forma de evaluar la importancia del acontecimiento, como en la forma de afrontarlo. Cada individuo afronta un grupo de circunstancias dentro del contexto de su historia personal única, y para entender la importancia personal de ese acontecimiento es preciso situarlo en el contexto de la biografía del individuo. El sujeto puede afrontarlo de diversas formas. Desde un planteamiento cognitivo, el individuo hace una valoración cognitiva de los acontecimientos estresantes y también de si mismo frente a ellos. Por eso, aunque se trate de un suceso estresante, la respuesta puede ser adecuada, si se cuenta con la estrategia de afrontamiento apropiada. Uno de los procesos cognitivos de afrontamiento más relevantes es el locus de control. La peculiar cognición de estar indefenso no se da en todas las personas. Para averiguar su amplitud se ha recurrido al concepto de locus de control que persigue estudiar la posible existencia de predisposiciones al hacer un determinado tipo de atribuciones, en el sentido de sistemas de control fuera (externo) o dentro del sujeto (interno).
Los sujetos con locus de control externo parece que afrontan el stress en desventaja y son más vulnerables a sus efectos patógenos. Sin embargo, a juzgar por los sujetos con patrón de conducta tipo A, no está claro que el locus de control interno sea bueno por definición.
Estas dos dimensiones han tratado de objetivarse mediante escalas de medida. (Ejemplo, la escala de Rotter y cols., 1972, internal-external control of reinforcement Scale).
Otra de las estrategias de afrontamiento es el apoyo social, redes sociales. Estas se constituyen en un mecanismo de defensa frente al stress y en importantes determinantes del bienestar psicológico. No siempre es necesario que se trate de apoyos reales, sino, a veces, basta con la percepción de tener esos apoyos sociales. Esas percepciones son eficaces hasta el punto de que estimulan y mejoran las estrategias de afrontamiento, e incluso, hacen menos necesaria la utilización de otras estrategias de defensa. No obstante, hay tipos de apoyos sociales que coartan al sujeto y no son efectivos ante los acontecimientos estresantes. Por eso, se debe distinguir el apoyo social de la presión social.
Entre otros mecanismos de defensa están las conductas sustitutivas. Estas conductas cambian los términos de las situaciones al operar con éxito sobre el entorno y se constituyen en estrategias adaptativas y eficaces.

9. 2.  Prevención  y  gestión  del  estrés

En este apartado intentarnos proponer programas de prevención y gestión del stress, cuyo planteamiento, en ambos casos, debe ser integral: médico, psicológico, laboral, familiar, social, personal, y cuyos objetivos principales son conocer los agentes y acontecimientos estresantes que lo determinan y mantienen, control personal de las situaciones y proponer al sujeto un plan o programa de calidad de vida que afecte a los distintos niveles.
           Un programa de afrontamiento y gestión del stress debería incluir al menos tres grandes capítulos:

A) Un programa de afrontamiento personal

Debe afectar a la vida personal, familiar, social y al trabajo, teniendo por ello que cambiar su estilo de vida y su forma de trabajar. Evitar los factores de riesgo: fumar, beber alcohol, comer en demasía o destiempo, las prisas, el dejarlo para el último momento,... Mejorar la nutrición y conseguir un equilibrio alimenticio. Dormir más y mejor y así, evitar el insomnio. Tener más horas de ocio, evasión, tiempo libre y de relax, y disfrutarlos. Más ejercicio y deporte, pero no competitivos y estresantes. Organizar el trabajo diario, gestionando el tiempo y delegando funciones y responsabilidades, trabajar en equipo, reducir las horas de trabajo y las jornadas.

B) Entrenamiento en habilidades específicas de afrontamiento

Adiestrarse en ejercicios de relajación y biofeedback para reducir la ansiedad y el stress. Así, un deportista puede hacerlo para evitar la presión del público o la ansiedad antes de comenzar las pruebas competitivas.

C) Conocimiento y manejo de estrategias de afrontamiento
Conocer  cuáles  son  las  estrategias  de afrontamiento del stress (cognitivas, emocionales, conductuales, sociales), saber manejarlas y utilizarlas en el momento adecuado. Así, ante un fracaso social, problema laboral, desgracia,... saber cuál es en cada circunstancia la estrategia más conveniente y eficaz, y aplicarla. (Pedir apoyo social, económico, planificar, solución de problemas, cambiar de organización,..)

9.3. Modelos terapéuticos  y  de tratamiento 
       del estrés

Son en la actualidad, muchos y variados los modelos terapéuticos y de tratamiento y las posibles técnicas de intervención sobre el estrés: médico, farmacológico, nutritivo, conductual, cognitivo,... Pero, no todos son efectivos. Así, los tranquilizantes no bastan para superar los estados de stress; en seguida se vuelven ineficaces, llevando al paciente al consumo creciente de calmantes y psicotónicos. No obstante, todos ellos conceden gran importancia a la relajación, al descanso, al control de la ansiedad emocional, a la alimentación y al aprovechamiento de los recursos del organismo.
Entre la gran variedad de tratamientos, señalamos:

- Biofeedback
Se considera como una de las técnicas más apropiada para afrontar el stress y sus manifestaciones. Se basa en el aprendizaje del control voluntario de las funciones fisiológicas y de las actividades automáticas, tales como la tensión muscular, la transpiración, la temperatura cutánea, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco que son buenos indicadores del stress.  Este método nos enseña a adquirir conciencia de esas actividades automáticas e inconscientes y a controlarlas voluntariamente, de forma pasiva por medio de procesos mentales complejos, que hacen intervenir funciones cognoscitivas superiores de atención y de análisis. Esta técnica se apoya en el papel de los procesos psíquicos en el stress y en  las enfermedades psicosomáticas, y en la posibilidad de intervenir sobre el psiquismo para corregir reacciones reflejas excesivas y anormales, responsables de desórdenes funcionales.
El éxito de esta técnica depende en gran manera de la comprensión por parte del paciente del papel que juega su psiquismo sobre los diferentes trastornos, así como de su poder cerebral de control. Se trata de un control llamado pasivo que no implica un esfuerzo importante de conciencia. La señal transmitida por el aparato de biofeedback es muy importante para el proceso de relajación y de autocontrol de las funciones fisiológicas del individuo, ya que crea una relación entre el psiquismo y las funciones orgánicas, entre el sujeto consciente y su organismo. Le permite recibir una información materializada sobre sus propias funciones fisiológicas y, por consiguiente, adquirir conciencia de ellas y controlarlas. En eso reside la originalidad del método.
Como hemos dicho antes, el sujeto se convierte en su propio terapeuta puesto que está directamente informado sobre su estado y así puede adaptar su respuesta, modificar su ritmo cardiaco, su tensión muscular, su temperatura cutánea, su transpiración,... La señal de biofeedback permite el aprendizaje de las respuestas que hay que aportar en las reacciones de nuestro organismo al stress. El individuo aprende a reconocer y a diferenciar el estado de relajación y el de tensión. El objetivo final es enseñarle a que llegue a un alto grado de dominio y de control de si mismo y de sus reacciones al stress, a mantener ese control en ausencia de la señal del biofeedback, es decir, sin tener que utilizar el aparato, y eso gracias a una utilización de la señal cada vez más espaciada en el tiempo. Es útil, sin duda, para el tratamiento de la ansiedad, de la hipertensión arterial, tratamiento de las jaquecas, de los dolores de cabeza; tensión muscular,... y para las diferentes manifestaciones del stress.

- Relajación  muscular
Es, sin duda, un buen método para el dominio de la ansiedad y el stress. El tono muscular se encuentra directamente bajo el control  del sistema central. Según Jacobson, la ansiedad y la relajación son dos fenómenos exclusivos e interdependientes. La ansiedad va acompañada de tensión muscular y, a la inversa; cuando los músculos están distendidos, la ansiedad desaparece. Las situaciones generadoras del stress elicitan reacciones defensivas de vigilancia y de atención y también, reacciones musculares de tensión. Las tensiones musculares son reflejas e inconscientes. El simple hecho de evocar una situación causante de stress provoca sobresaltos musculares involuntarios, una tensión refleja localizada y, a la inversa, el hecho de reducir esas tensiones musculares permite luchar contra la ansiedad, el temor y la emoción. Podemos dominar así el stress, controlar la angustia y las emociones, aprendiendo a reducir el umbral de excitación de nuestros músculos. La relajación muscular es un esfuerzo activo voluntario para liberar nuestro psiquismo y necesita un aprendizaje dirigido.
Durante las sesiones, el psicólogo deberá determinar los factores habituales de estrés y las tensiones musculares localizadas que de ello resultan. Después de haberlas identificado, el sujeto podrá ejercitarse en obtener una mejor relajación de los músculos afectados, pensando al mismo tiempo en sus factores de stress.
Aparte del biofeedback que permite realizar una relajación calculada y visualizada, existen otros métodos de relajación que junto al biofeedback,  tienen  el  objetivo  de  controlar voluntariamente y disminuir el estado de tensión muscular para llegar a una relajación mental indispensable para el dominio del stress y de sus síntomas.

- Técnicas  cognitivas
Existe un amplio repertorio de técnicas cognitivas para el tratamiento del stress, dado que son nuestros procesos cognitivos y los pensamientos los que determinan la sobrecarga, la ansiedad, la preocupación y la tensión psicológica, perjudicando de esta manera nuestra salud y bienestar psicológico... Así, Beck (1967) describe cómo los tipos de pensamientos deformados hacen estallar y exacerbar la espiral descendente de la depresión. Entre los pensamientos deformados, cabe destacar el filtraje de  pensamientos polarizados, la sobregeneralización, la visión catastrófica, la interpretación de pensamientos, las falacias de control, culpabilidad, razonamiento emocional, las etiquetas globales, etc. Frente a ellos podemos utilizar técnicas de corte cognitivo.

- La aserción  encubierta
Esta técnica ayuda a reducir la ansiedad emocional a través del desarrollo de dos habilidades distintas: la interrupción y la sustitución del pensamiento. Cuando aparece un pensamiento habitual, que sabemos que nos lleva a sufrir emociones  desagradables, se interrumpe el pensamiento vocalizando la palabra "basta" o usando alguna otra técnica interruptora. Entonces, se llena el hueco dejado con pensamientos positivos, previamente preparados, que sean más realistas, asertivos y constructivos. La interrupción del pensamiento actúa como un "castigo", reduciendo la probabilidad de que reaparezca el mismo pensamiento otra vez y, creando un espacio en la cadena de pensamientos para una aserción positiva. Las emociones negativas quedan cortadas antes de que puedan surgir. Se crea un circuito de retroalimentación positivo, en el cuál las aserciones positivas dan origen a emociones más confortables que proporcionan un refuerzo para hacer aserciones positivas adicionales.
Otra técnica cognitiva es la solución de problemas. Si no se encuentra una solución adecuada, pueden desembocar en un malestar crónico. Cuando las estrategias ordinarias fracasan, aparece un sentimiento de indefensión que dificulta la búsqueda de nuevas soluciones. Para ello se idearon estrategias de solución de los problemas. Para estas estrategias ninguna situación es imposible de solucionar. "El problema no es el problema, el problema es la solución". Los pasos a seguir en esta estrategia son: especificar el problema, perfilar la respuesta, hacer una lista de alternativas, ver las consecuencias y evaluar los resultados.
La solución de problemas es útil para reducir la ansiedad asociada a la incapacidad para tomar decisiones; también para aliviar sentimientos de impotencia, asociados a problemas crónicas.

- La desensibilización  sistemática
Con esta técnica un sujeto puede aprender a enfrentarse a objetos y situaciones que le son particularmente amenazantes. Se trata de aprender a relajarse mientras se imagina escenas que progresivamente van provocando mayor ansiedad. La desensibilización fue desarrollada por el terapeuta Wolpe en 1958. Al principio, la técnica se dirigía a entrenar al sujeto en la relajación progresiva y luego, debía buscar situaciones de la vida real con niveles progresivos de stress. Más tarde descubrió que las escenas imitadas eran enormemente más fáciles de estructurar; evocaban casi idénticos niveles de ansiedad y producían resultados transferibles a situaciones de la vida real. Los principios básicos son: buscar emociones que puedan contrarrestar otras emociones y llegar a acostumbrarse a las situaciones amenazadoras.
El primer paso en la desensibilización es el dominio de la relajación progresiva, después hacer una lista con todos los temores, construir una jerarquía de escenas ansiógenas y progresar a través de estas escenas en la imaginación.

- Inoculación  de  estrés
           Con esta técnica se enseña a cómo afrontar y relajarse ante una amplia variedad de experiencias estresantes, permitiendo desarrollar nuevas formas de reacción, aprendiendo a relajarse en lugar de la habitual respuesta de miedo o cólera.
Parece que algunas reacciones estresantes están formadas por una elevada activación fisiológica (aumento de la tasa cardíaca, respiratoria, sudor, tensión muscular, escalofríos,...) y la presencia de pensamientos que interpretan la situación como peligrosa y amenazadora, pero hay poca relación entre la situación real del stress y la respuesta emocional. Las fuerzas que realmente crean las emociones son la apreciación del peligro, el resultado esperado, la intención que se atribuye a otras personas y cómo se interpretan las propias respuestas somáticas. La inoculación del stress ayuda a relajar la tensión y la activación fisiológica y a sustituir las antiguas interpretaciones negativas por el conjunto de pensamientos de afrontamiento al stress.
Es eficaz para conseguir la reducción de la ansiedad interpersonal y general, así como la ansiedad en las entrevistas, hablar en público, en los exámenes, miedo a las alturas,...
Los pasos a seguir son semejantes a los anteriores: aprender a relajarse, construir una escala de hechos estresores, pensamientos de afrontamiento en la vida real.
Otro método utilizado es la sensibilización encubierta que Cautela desarrolló para tratar los hábitos destructivos que son las causas de emociones dolorosas. Se trata de conductas que hacen que una persona se sienta feliz mientras duran, pero que después se pagan caros.
El planteamiento es el siguiente: Las conductas que se convierten en hábitos arraigados son aprendidas debido a que son reforzadas consistentemente por una gran cantidad de placer. Una forma de eliminar el hábito es empezar asociando la conducta habitual con algún estímulo imaginario muy desagradable. Así, el antiguo hábito deja de evocar imágenes placenteras y empieza a asociarse con algo nocivo y repulsivo (nauseas, dolor,...).
Es efectiva cuando el hábito está restringido a una parte, marco o situación particular. No lo será en hábitos muy generalizados como comer, beber o fumar compulsivamente. Esto se debe a que precisamente la persona se sensibiliza a un marco particular. Tiene éxito en el tratamiento de desviaciones sexuales, tales como fantasías sádicas, paidofilias, travestismo, conductas de robo, compulsión al fuego, mentiras, etc. También, parece adecuada para reducir la adición a ver la televisión, jugar con máquinas tragaperras, etc,...

- La  visualización
 Se trata de un método muy útil para conseguir un mayor control de la mente, las emociones y para efectuar cambios de conducta.
Las técnicas de visualización pueden usarse para aliviar la tensión muscular, reducir o eliminar el dolor y facilitar la recuperación de una enfermedad. Lo fundamental de esta técnica es, aparte de aprender a relajarse, refocalizar la atención que está dirigida a otra parte.

- Reforzamiento  encubierto
           Sirve para aprender a enfrentarse a situaciones que previamente se evitaban por temor. Para ello se presenta la conducta deseada con reforzadores positivos.
Este procedimiento se practica, en primer lugar, con la imaginación y, posteriormente, en la vida real. Se utiliza sobre todo para el tratamiento de conductas de evitación como ansiedad ante exámenes, fobias y falta de decisión,...
 Los pasos a seguir son: describir la conducta de evitación, la de aproximación, elaborar una lista de reforzadores positivos, aplicar técnicas de relajación, practicar la imaginación de reforzamientos, grabar la escena de la conducta de aproximación y escucharla y por último, aplicarla en la realidad.

- Modelamiento  encubierto
Se puede alterar una secuencia negativa de la conducta y aprender un nuevo patrón de conducta. Ya Cautela (1971) señaló que es posible aprender nuevas secuencias de conducta, imaginando a otros realizando con éxito la conducta deseada, dado que no siempre se dispone directamente de modelos humanos. Denomina a esta técnica modelamiento encubierto, pues, permite identificar y practicar en la imaginación los pasos necesarios para la realización de la conducta deseada. Cuando el sujeto consigue cierta seguridad imaginándose a sí mismo haciendo una actividad concreta, puede ejecutarla más eficazmente en la vida real. Es útil para reducir fobias y la ansiedad ante los exámenes, para reducir la depresión, el resentimiento y la incertidumbre asociados al fracaso y para incrementar la conducta asertiva.
Otro de los métodos efectivos es el de la intención paradógica, que consiste en uno de los métodos más rápidos y más poderosos para cambiar de conducta. Es efectiva en el tratamiento breve de los síntomas individuales que se perciben como involuntarios: insomnio, impaciencia, obsesiones, fobias,.. y es especialmente útil cuando la conducta sintomática implica considerable ansiedad anticipatoria, como es el caso del miedo a hablar o a actuar en público.
 
Hasta aquí, solo hemos expuesto algunas de las técnicas de tratamiento del stress que consideramos de gran interés, pero existen otras que pueden ser consultadas y aprendidas en los manuales     de      Psicología.



EPILOGO

Como hemos visto a lo largo de estas paginas, existen muchos ámbitos del stress donde se puede y debe actuar; sobre todo a través de la investigación y del estudio, de la evaluación, de los tratamientos y de la aplicación de programas de prevención y gestión del estrés.
Hemos analizado cuáles son los agentes y acontecimientos estresantes de cada contexto, ámbito, profesión o actividad; cuáles son las respuestas del sujeto frente a ellos y las estrategias de afrontamiento dadas, cuáles sus efectos y consecuencias en la salud física y bienestar psicológicos. Ver cómo puede afectar a nuestro organismo de diferentes maneras: trastornos psicosomáticos, ansiedad, irritabilidad, trastornos sexuales, cáncer,...). Hemos pues, intentado descubrir las interrtelaciones entre los distintos factores ecológicos, los fisiológicos, con- ductuales y psicopatológicos.
Hemos intentado valorar las posibilidades de evaluación y diagnóstico del stress, analizando que agentes son los que determinan y mantienen situaciones personales de stress, su incidencia y como también cuales son las consecuencias y manifestaciones en el organismo y en la vida del sujeto.
Por otro lado, hemos abordado el tema de las estrategias de afrontamiento del stress, su conocimiento y manejo, y por otro, lo relativo a los tratamientos y la ubicación de programas de prevención y actuación sobre el stress, con el fin de evitar y reducir sus efectos en la salud física y psicológica de los sujetos. Aunque, queda mucho por andar; diremos que se está haciendo grandes frutos y que ya se han alcanzando abundantes logros. En esta línea estamos los especialistas y profesionales, los organismos y la sociedad.
Una vez que ya existe una concienciación del problema, que sin ser considerado extremadamente grave, sabemos que es perjudicial para la salud física y bienestar psicológico de las personas.
Por último, señalaremos que sobre el tema de stress, quedan aún muchas cuestiones y a efectos que todavía necesitan mayor estudio y mayores apoyos empíricos. En algunos de ellos, personalmente pienso seguir investigando. Por ejemplo, en Las relaciones entre stress y rasgos de personalidad (extroversión-introversión, neuroticismo, patrón de conducta tipo A y B) relaciones entre tipo A y extroversión; ver si existen diferencias entre vagatónicos y simpaticotónicos en la respuesta y en la recuperación al stress; si hay diferencias entre los hombres y mujeres, y si éstas sufren más acontecimientos estresantes a lo largo de su vida que los hombres y si perciben los acontecimientos estresantes como más amenazantes que ellos etc. En todo pienso, sin duda, seguir trabajando e investigando.